Cuando un avión entra en barrena, le ocurren varias cosas. Está "en pérdida", al no tener la sustentación suficiente para mantenerse en vuelo. Como consecuencia, el morro empieza a enfilar hacia tierra peligrosamente, en vez de mirar hacia delante. Y si nadie pone remedio, el aparato empieza a caer en picado dando vueltas sobre su propio eje, en lo que supone el anuncio de que pronto acabará en el suelo sin control.

Hace tiempo que el PP entró en la primera fase de este peligroso proceso. El partido está averiado y en pérdida. No tiene el sustento que antes le daban millones de votantes que conformaban una base electoral sólida. Ahora no se sabe cuántos son. Ni siquiera está pendiente de conseguir más votos (de que el morro del avión mire hacia delante), sino de no caer en el riesgo de extinción (de que el morro se incline sin remedio hacia abajo). De hecho, los populares llevan tiempo dando vueltas sobre sí mismos, en barrena.

Ahora, los afiliados han optado por Soraya Sáenz de Santamaría y Pablo Casado. Hay quien quiere ver aquí un duelo entre Rajoy y Aznar, por medio de representantes áulicos. Pero la situación es más compleja. Porque si las finalistas hubieran sido Sáenz de Santamaría y Cospedal, ¿estaríamos ante una batalla entre Rajoy y Rajoy, al haber sido ambas las números dos (en el Gobierno y en el partido) del expresidente? 

El PP está, en realidad, ante la gran cuestión que siempre se plantea en política cuando la gente es convocada a las urnas: si se opta por la continuidad o por el cambio. Soraya Sáenz de Santamaría encarna la continuidad. A su alrededor se mueve buena parte de los exministros de Rajoy, además del siempre avispado andaluz Javier Arenas, único superviviente que queda en las altas esferas del PP de la generación de Aznar, Cascos, Rajoy, Rato o Mayor Oreja.

La exvicepresidenta es para los afiliados del PP una inversión conservadora: no se asumen riesgos y, por tanto, si el mercado (político) va mal, se pierde poco, y si va bien, se gana poco.

Pablo Casado representa el cambio. Cambio, con matices: ha estado en la dirección del partido con Rajoy y, a la vez, tiene la simpatía de Aznar y Esperanza Aguirre. Pero también le sigue buena parte de los jóvenes del partido, que quieren un PP Ciudadanos style: el efecto generacional. Es una inversión más arriesgada, como lo fue Zapatero cuando los compromisarios del 35º Congreso del PSOE le prefirieron frente a José Bono. Como lo fue Pedro Sánchez, cuando la militancia le eligió en primarias en lugar de a Susana Díaz. La militancia y los compromisarios del PSOE siempre votan contra el aparato. Por el contrario, las bases de Podemos son disciplinadas y siempre votan a favor de Pablo Iglesias. Pronto sabremos si los populares están más cerca de los podemitas o de los socialistas.