La crisis, en términos de empleo, terminó hace varios años. Sin embargo, la cuesta de inicio de año en 2018 sigue siendo dura para muchos españoles. Ulises muestra que, en los últimos años, el Índice de Ánimo Ciudadano tan solo ha mejorado de forma ligera (de un 46,9 en la 1ª ola, de otoño de 2016, a un 47,8 en la 6ª, de invierno de 2018). De hecho, tanto el índice general como los índices parciales de que se nutre (el Índice de Ánimo Personal, el Índice de Ánimo Social y el Índice de Satisfacción con el País) han empeorado en los últimos meses. El resultado es desalentador: la satisfacción ciudadana, en 2018, no alcanza siquiera el aprobado (47,8).

Aun así, podemos encontrar alguna razón para el optimismo: ha sido precisamente la satisfacción con el país (la dimensión que peor puntúa de todas las que conforman el índice) lo que más ha mejorado. De los múltiples elementos por los que se pregunta para valorar las condiciones del país, la satisfacción con la situación económica es lo que más ha contribuido a esa mejora. Esta tendencia es coherente con otros datos que reflejan algunos síntomas de mejora económica, como los que muestran que cada vez hay más ciudadanos que perciben la crisis como algo lejano o que aumenta la cantidad de gente animada para consumir y llevar a cabo todo tipo de actividades.

Sin embargo, aunque haya señales para el optimismo, no conviene que nos conformemos: el margen de mejora es leve y la satisfacción con el país se mantiene lejos del aprobado (38,7). Es cierto que algunos indicadores macroeconómicos y del mercado laboral han evolucionado favorablemente, pero distan aún del estándar europeo. Además, la mejora de la economía se cimenta en un mercado de trabajo débil con predominio de salarios bajos y formas de empleo precario, sobre todo para jóvenes y mujeres. Esto impide que la recuperación alcance a todos, escondiendo tras algunos datos agregados muchas situaciones de vulnerabilidad.

Tan solo a través de una recuperación más sólida e inclusiva podría lograrse una mejora clara de la satisfacción general con las condiciones del país. Algo que es deseable en sí mismo y porque, como podemos ver, otras medidas de bienestar dependen en gran medida de ello. Como muestra la evolución de los distintos componentes del Índice de Ánimo Ciudadano, hasta ahora la recuperación económica no ha tenido la entidad suficiente como para contribuir a que el ánimo personal (la valoración que hacen los individuos de su estado emocional) y el ánimo social (la valoración que hacen los individuos sobre los estados de ánimo que perciben en la sociedad) mejoren de forma clara. Lograrlo es, por tanto, uno de los grandes retos de nuestro tiempo.