Así reza un refrán para significar que del cerdo se aprovecha todo, incluidas las pezuñas. Y efectivamente este animal con no muy buena prensa pese a haber contribuido decisivamente a la alimentación humana desde hace milenios y a protagonizar delicias gastronómicas más o menos contundentes urbi et orbi, puede pasar además a solucionar el problema de la escasez de órganos para trasplante.

Ya desde los noventa, el cerdo se convirtió en la mejor opción como fuente de órganosEl tema no es nuevo. Durante el pasado siglo fueron diversas las iniciativas destinadas a trasplantar órganos de animales a humanos, a la vista de la ya en aquellos tiempos patente desproporción entre la oferta y la demanda, y que desde entonces y salvo el caso de España y poco más, no ha hecho más que crecer. Los norteamericanos usaron órganos de monos. En 1984 una niña recién nacida, conocida como Baby Fae, vivió tres semanas con un corazón de mandril en la Universidad de Loma Linda, California, en un experimento fuertemente criticado en su momento y que no se ha repetido. De igual manera, el recientemente fallecido Thomas Starzl, pionero mundial de los trasplantes abdominales, realizó dos injertos de hígado de babuino que tampoco funcionaron.

En todo caso, estaba claro que los simios no eran la solución: son muy escasos, de un ciclo vital largo, difíciles de criar y, por si fuera poco, precisamente por su similitud genética con el hombre, su uso como fuente de órganos sería hoy éticamente inaceptable. Por no hablar de la existencia de virus como el del sida o el ébola, que todo parece indicar han mutado en grandes simios antes de pasar al hombre, lo que plantearía unos riesgos de salud pública inasumibles.

En cambio, ya desde los noventa el cerdo se convirtió en la mejor opción como fuente de órganos: se reproducen con facilidad en granjas y crecen rápidamente hasta adaptarse al tamaño deseado de los órganos, que además son similares a los humanos incluso desde el punto de vista funcional (el riñón del cerdo es el más parecido al del hombre). Al principio la estrategia se centró en modificar genéticamente al animal de manera que indujera menos rechazo al trasplantar sus riñones… a monos, porque nunca se llegó a la fase clínica y en este caso los pobres simios tuvieron que hacer de receptores.

De llegar a buen puerto estas investigaciones, se podrían generar órganos humanos

No funcionó. Los cerdos ‘humanizados’ en los que se invirtieron cuantiosas sumas no lo fueron tanto y generaron un rechazo incompatible con su uso en humanos. Por si ello fuera poco, el temor a que un tipo de virus (los retrovirus endógenos porcinos) pudieran mutar y hacerse peligrosos para la especie humana detuvo definitivamente estas investigaciones.

Pero en el siglo XXI surge un nuevo enfoque de la mano de diversos grupos mundiales, pero muy especialmente del encabezado por el español del Salk Institute de California Juan Carlos Izpisua. En una primera serie de experimentos demostró la posibilidad de crear híbridos de dos especies cercanas como la rata y el ratón con la posibilidad de generar órganos de estos últimos en embriones de rata y que ambos se toleraran sin generar rechazo. El siguiente paso sería generar órganos a partir de células humanas en embriones de cerdo.

Ya se han dado los primeros pasos introduciendo células madre humanas que conviven con los embriones de cerdo sin generar rechazo. De llegar a buen puerto estas investigaciones, se podrían generar órganos humanos (riñones, páncreas, cartílagos…) usando a los cerdos como incubadoras y partiendo de las células del propio enfermo, con lo que no existiría rechazo. Sería la panacea; una fuente inagotable de órganos sin necesidad de medicamentos antirrechazo.

En este proyecto colaboran con Izpisua investigadores de Madrid, Barcelona y Murcia, aparte de los de su laboratorio californiano. De llegar a buen puerto, esta línea de investigación puede sin duda marcar un antes y un después en la historia de los trasplantes. Una razón más para afirmar una vez más que "del cerdo, hasta los andares".