ÓSCAR ESQUIVIAS. ESCRITOR

Un viaje hacia la extrañeza: 'Réplica'

Óscar Esquivias.
Óscar Esquivias.
JORGE PARÍS

Cuando viajamos acompañados no llegamos tan lejos como cuando vamos solos, decía el novelista Louis-Ferdinand Céline. Se refería, claro está, a la lejanía que va más allá de lo que puede medirse en kilómetros, la que conlleva el pleno desarrollo de nuestra capacidad de percepción. Cuando viajamos en soledad estamos más receptivos, nadie interfiere en nuestros pensamientos, tenemos menos ataduras y por ello no solo avanzamos físicamente sino, sobre todo, espiritualmente. En cierto modo, es irrelevante si una persona va hasta las antípodas: si esa experiencia no le cambia interiormente, habrá hecho un viaje muy corto. Por contra, una simple excursión escolar, vivida con intensidad por un niño, puede ser una experiencia decisiva y una verdadera aventura vital que le transforme por dentro, aunque en aquel momento nadie se dé cuenta.

Es curioso cómo nos movemos por el mundo: hay personas que caminan pisando fuerte y que parecen encontrarse a sus anchas en todas partes; otras, por el contrario, siempre se sienten forasteras e intrusas, y no acaban de hallar su lugar. De alguna manera, el viajero (incluso el viajero feliz) es siempre alguien insatisfecho.

Los viajes del espíritu son los más arriesgados, sobre todo si son secretos. Permanecemos en nuestra ciudad, no damos un solo paso, pero llegamos muy lejos. A veces nadie nota nuestros deseos, no se percibe la turbulencia de los pensamientos, no dejamos traslucir las esperanzas, las inseguridades o los miedos que acarreamos. Es posible que no los queramos ver ni nosotros mismos; puede que nos sorprendamos pensando en nuestra alma como un territorio lleno de secretos, de zonas inexploradas y provincias rebeldes.

De estos viajes íntimos y metafóricos trata Réplica, el segundo libro de cuentos de Miguel Serrano Larraz, que acaba de publicar la editorial Candaya –donde ya aparecieron dos extraordinarias obras más de este autor, la novela Autopsia (2013) y los relatos de Órbita (2009)–. Lo suyo, por lo visto, son los títulos de una sola palabra, contundentes y ambiguos.

"Cuando se ve un lugar en compañía, lo extraño es el lugar. Cuando estás solo, el peso de tu propia extrañeza se apodera de todo lo demás: el extraño eres tú", dice el autor.

Esa extrañeza es una constante en el libro y lo impregna todo. Muchos de sus personajes están solos, viven en un mundo en el que les cuesta encajar y exploran concienzudamente sus sentimientos y sus recuerdos. Son personas sensitivas (a veces hiperestésicas), silenciosas, lúcidas pero débiles, cuya fuerza está en su discreción: si manifestaran claramente sus pensamientos acabarían aplastadas por el peso de la realidad.

Los cuentos de Serrano Larraz toman la forma de indagaciones íntimas en las que se recrea detalladamente un momento decisivo en la vida del protagonista. Son, remedando a Céline, pequeños viajes al final de la noche. A menudo, el autor centra su mirada en el tiempo de la infancia, en esos momentos en los que los niños comprenden el mundo con plena claridad, con una lucidez infantil perturbadora (e insospechada por muchos adultos). Hay un constante aire de misterio en todos los relatos, algo desazonante e incómodo. Serrano Larraz evita el desarrollo rápido de sus ideas literarias y prefiere lo que Gesualdo Bufalino llamaba la "dilación viciosa" (que el autor italiano practicaba con un estilo radicalmente distinto): los textos están concebidos como largos y morosos preliminares de algo que no siempre llegamos a conocer (y ni falta que hace).

El estilo es sobrio y, a la vez, plástico y expresivo, profundamente poético y con abundantes muestras de humor. Miguel Serrano Larraz es uno de los creadores más originales que han surgido en España durante los últimos años, dueño de un mundo literario propio y reconocible. Cada uno de sus libros es un acontecimiento y yo siento absoluta devoción por todos ellos.

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