Cuando te haces mayor dejas de decir "yo eso no lo haría en mi vida, que me conozco" porque si algo consigue el paso del tiempo es echarnos en cara nuestras contradicciones. Como la de Pablo Iglesias, que soñaba con formar una familia en Vallecas y al final se muda a Galapagar. A la pareja líder de Podemos le está cayendo la del pulpo por haber cambiado la hoz por el rastrillo del jardín, ese que tiene el chalet de seiscientos mil euros que les ha hipotecado a treinta años.

Cotilleos de más aparte, que solo nos falta ver fotos de la escobilla del baño, lo cierto es que a la pareja Montero-Iglesias el escupitajo contra la casta del cielo les ha caído en la cara. Tampoco lo han arreglado con el comunicado que han publicado en Facebook justificando la compra de la casa. De sus gananciales se deduce que no van a tardar mucho en pagar la casa y que luego les tocará pedir perdón por el monovolumen y el viaje a Euro Disney. Como si ganar dinero y vivir bien gracias al trabajo fuera un delito.

El único crimen de los líderes de Podemos, que les ha convertido en presos de sus palabras, es haber hecho una política añeja al grito de que había que vestirse en Alcampo para comprender la verdadera vergüenza del país: el salario mínimo profesional de poco más de 800 euros. Llevar coleta y no ponerse una corbata, no fuera a ser que ahogara, al final, sí que eran populismos. En Podemos han descubierto que se puede tener privilegios sin que sean incompatibles con militar a la izquierda, pero insisten en que los malos son los que especulan y que ellos se lo merecen porque vienen desde abajo. La realidad es que les han dado a los del otro lado el argumento que necesitaban para desacreditarles, justo en el momento en el que el cambio es más urgente.

Igual todo esto a Podemos hasta le viene bien y, ahora que están en la realidad del sistema, se centran en dejar de pelearse por ver quién manda y hacer política de izquierdas. Pero de la de ahora, esa que es compatible con ganar dinero trabajando, y no la de los tiempos de nuestros abuelos. Si no lo hacen, les van a seguir robando lo que debería definirles los del otro lado, que Rivera se ha apuntado el tanto de las pensiones y como te tomes un chupito cada vez que dice en un mitin "políticas sociales" acabas con un coma etílico.

Querer tener un sofá, una piscina o mandar a los niños a un colegio privado no es ni derechas ni de izquierdas. La ideología política hace tiempo que no va de eso porque, llegados a este punto, es imposible imaginar una sociedad fuera del capitalismo. Con la que tenemos encima, lo que debe definir a la izquierda es alejarse de adoctrinamientos y apostar por el progreso social frente a las ideas conservadoras. Y también tiene que ir de romper con eso que dijo Bernard Shaw: "La política es el paraíso de los charlatanes".