Llega el verano y no tenemos ni canción ni Gobierno. El chiringuito de los votos anda caliente como la barbacoa. Pero ninguno se quema. Los solistas aspirantes al reguetón del domingo andan con pasito tímido. Queríamos verbena, pero la orquesta no arranca. Puede que esta sea la campaña más pueril de la historia. Todos son buenos yernos, buenos hijos y buenos candidatos. Pero no suena la música.