"Este año he contratado a Anaconda para las fiestas de mi pueblo. Lo mejor de lo mejor". Así de ufano y resuelto se pronunciaba un buen amigo y alcalde carialegre de la España vacía y vaciada, que dos términos con significado diferente son. Es bueno recordar que el participio es un adjetivo advenedizo, que no pierde del todo su naturaleza verbal, como el gerundio. Y que, por eso mismo, no es lo mismo estar jodido que estar jodiendo, al decir de Camilo José Cela y hasta de mi decir propio.

Vacía o vaciada debió quedar mi mente porque confieso que no sé de qué me estaba hablando, al punto que puse a volar mi imaginación. Por un momento, pensé que Anaconda era una atracción ferial de desplome gravitatorio, o que había contratado a Salma Hayek para interpretar su danza como Santanico Pandemonium en Abierto hasta el Amanecer, o que Ana Konda era la hermana de Marie Kondo, que iba a poner orden urbanístico en los filamentos de rúas y plazas del pueblo.

En la España donde importan los dependientes, y no los independientes, Anaconda es una orquesta que recorre las plazas de los pueblos, duerme en los moteles de carretera entre olores de ajo de Jamón, jamón y homicidios prudentes en las bañeras de Psicosis, conduce furgoneta en la era posMichelin, y llega a actuar en el país tardofranquista del vermouth al mediodía. Versionan canciones en modo bonito y barato y, cuando acaban, adiós y hasta siempre.

Pues bien, debo ser víctima del derroche de impaciencia electoral, puesto que, o me equivoco o muchas candidaturas locales son verdaderas bandas musicales. Basta ver la compostura y distribución de los candidatos en muchas de las fotografías de campaña para pensar que, tanta elección continuada, nos ha generado estragos mentales y morales.

Posan, sin rubor, como si fueran a actuar en un escenario al ritmo de Que la detengan o Ave María. También hay solistas como un tal Trabuco, que se presenta bajo el eslogan "El trabuco que tú quieres", aunque queda la duda cierta de si se refiere al arma de fuego, o al fuego de su arma, pues palabra con sinónimo es.

Pero la reflexión sería insuficiente si no cayéramos en la cuenta de que el guitarrista de alguna banda venía tocando en otra hasta hace pocos meses, pero no le ha importado cambiar de estilo repentinamente. Que el batería no ha visto un bombo, un platillo o una caja clara en su vida, pero que no tiene reparos ni pudicia para ponerse a tocar, pues dicen que se gana dinero. Que, después de veinte años, han abandonado el pasodoble y el vals, por el heavy metal y el reggaetón, porque hay que sobrevivir entre tanta competencia musical.

Y así hasta el infinito y más allá. En la España municipal de los bandos, las bandas actúan. Habrá que votar.