El pasado martes murió un ciclista en el carril bici de la calle Alcalá –la "infraestructura ciclista" insignia de Madrid–, que acaba de ser replicada por José Manuel Calvo en la calle Santa Engracia bajo el mandato de Carmena.

Ahora quienes quieren más de esos espacios segregados para ciclistas en Madrid piden calma y buscan causas para el accidente: ¿el camionero estaba bajo la influencia de alcohol o drogas?, ¿la culpa es de la marquesina?, ¿señalizar precaución o semaforizar ese cruce?

Nada de esto es para mitigar los peligros naturales del tráfico, sino los peligros artificiales añadidos por esa infraestructura segregada. Sin embargo, siempre se evita mencionar que quizá la solución sería eliminar el carril bici y devolver la bici a la calzada.

Si el ciclista hubiese estado en la calzada circulando normalmente, habría estado todo el rato a la vista del camionero y ahora probablemente estaría vivo. Pero se vio obligado a confiar en una infraestructura que, según algunos políticos, está hecha para él.

Algunas asociaciones ciclistas llevamos años advirtiendo del riesgo que crean esas infraestructuras. Quizá es momento de que la comunidad ciclista de Madrid se dé cuenta de que los carriles segregados son una golosina envenenada.

Al dolor por la pérdida de una vida unimos la rabia por saber que se podía haber evitado.

Que él descanse en paz y los responsables que descansen como puedan.