Señor ministro: Es usted todo un símbolo de lo sucedido en estos cuatro años. Cuando el Alvia se estrelló en Angrois, apenas era secretario de Estado de Infraestructuras, y mírese ahora. Entonces, le faltó tiempo para negar que aquel tren maldito discurriese por la red de Alta Velocidad. ¡Con lo orgullosos que estaban todos nuestros políticos cuando lo inauguraron y nos dijeron que el AVE llegaba al fin a Galicia! Pero España se jugaba muchos millones en contratos y 80 muertos no podían ser un obstáculo para hacer caja. Por eso ordenó a Teresa Gómez-Limón que dejase de hablar mal de Renfe. Ella era entonces diputada del PP. También víctima. Según cuenta, cuando volvió a casa tras ocho días en la UVI, usted le dejó claro que no podía decir según qué cosas. Nadie la ha desmentido nunca.

España se jugaba muchos millones en contratos y 80 muertos no podían ser obstáculo para hacer caja

Por eso me resulta tan curioso oír cómo acusan a la oposición de querer usar políticamente la tragedia. Sobre todo ahora que la comisión de investigación en el Congreso -la que las víctimas nunca han dejado de pedir- parece más cercana que nunca. El giro del PSOE tras la ‘Segunda Venida de Pedro Sánchez’ sitúa a los socialistas (cuatro años tarde) donde siempre debieron estar: con la reclamación de "verdad, justicia y reparación" que esgrimen los afectados. Por el medio, tuvo que venir Europa a sacarnos los colores. La acusación de Bruselas de falta de independencia en la investigación técnica bastó para que se reabriese la instrucción judicial. Lo ordenó la Audiencia de A Coruña, la misma que había tumbado la decisión del juez Aláez de imputar primero a cinco técnicos de Adif y, después, a todo su consejo de administración. Consecuencias: hoy, el director de seguridad de la empresa, Andrés Cortabitarte, está siendo investigado. El juez le atribuye la misma responsabilidad en la tragedia que al maquinista Francisco José Garzón. Aláez se despidió del caso acusando a Adif de "incrementar el riesgo para la vida de miles de personas" por motivos comerciales, al cambiar el proyecto original y sustituir el sistema de frenado ERTMS por un ASFA incompleto que no pudo frenar un tren desbocado.

Hoy, cuatro años después, la curva de A Grandeira sigue sin ERTMS. Hoy, 25 de xullo, Día de Galicia, los nacionalistas recorrerán Santiago denunciando los ‘agravios’ y ‘discriminaciones’ que sufre esta tierra. Una simple mirada a Angrois los confirma. ¿Se imagina algún otro lugar donde tras una tragedia como esta no se hubiesen tomado todos –todos- los medios posibles para evitarla…? Yo tampoco. Verdad. Reparación. Justicia. Lo último es su negociado. Que se note.

Un saludo.

Luís Pardo