Solo han pasado dos años desde que viéramos a Esperanza Aguirre, todavía portavoz del PP en el Ayuntamiento de Madrid, midiendo con sus propios pasos las aceras de Gran Vía mientras calificaba como un "absoluto y total esperpento" la intención del gobierno municipal de ampliarlas.

Nunca olvidaremos aquella memorable intervención en la que afirmó que era impensable ver algo así "en las grandes vías comerciales del mundo como Oxford Street en Londres o la Quinta Avenida de Nueva York".

Hace unos días volvimos a ver a Aguirre en la Gran Vía. Pero esta vez no encabezaba ninguna protesta sino que estaba sentada en uno de los nuevos bancos disfrutando de la recién estrenada obra. Esa imagen, que vale mucho más que mil palabras, era la constatación de que la derecha no va a volver a utilizar la reforma de nuestra calle más internacional para hacer oposición.

Veremos cómo evitarán hablar del asunto en adelante, esperando que en las próximas elecciones municipales los electores se hayan olvidado de que se opusieron frontalmente a que se llevara a cabo.

Con la derecha en retirada, el consenso en torno al acierto de la reforma de Gran Vía es muy amplio, pero todavía escuchamos algunas opiniones que critican que los grandes beneficiados de esta actuación sean los comerciantes que tienen sus negocios en esta calle. Curiosamente aquellos a los que hace dos años Aguirre señalaba como "futuros afectados".

Estas voces, que no pertenecen precisamente al bando de Esperanza aunque muchas veces le siguen el juego, obvian, no sabemos si intencionadamente, que el éxito de Gran Vía radica en que representa la victoria en la que ha sido una de las batallas políticas centrales de este mandato: el supuesto derecho individual de utilizar el coche frente al derecho colectivo de respirar aire limpio.

Es este el objetivo fundamental de proyectos como Madrid Central, la reforma de Santa Engracia, la peatonalización del bulevar de Peña Gorbea en Vallecas, la transformación de la A-5 en vía urbana o la conexión ciclista entre los distritos de Moratalaz y Retiro.

Más afluencia de personas

En todos ellos, mejoramos las condiciones ambientales y de accesibilidad de las calles afectadas, lo que hará que se incremente la afluencia de personas y favorecerá a los comercios de la zona, que recibirán más clientes.

Pero más allá de constatar que hacer una ciudad mejor es beneficioso para todos, la importancia de estas actuaciones es que van construyendo un nuevo modelo urbano, alternativo al que hemos heredado. Una ciudad donde los intereses generales primen sobre los particulares. Una ciudad más feminista, saludable y moderna.

Esa es la batalla que le estamos ganando a la derecha neoliberal y que una parte de la izquierda todavía se resiste a celebrar.

Encuesta

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