La ley que crea la nueva Corporació Valenciana de Mitjans de Comunicació (CVMC), sucesora de la antigua RTVV, fue aprobada la semana pasada sin votos el contra. Solo el PP se abstuvo. A priori es una buena noticia, como también lo parece la presencia de órganos de control para garantizar la independencia del nuevo ente.

No obstante, queda la duda de saber si la desgubernamentalización que pregonan sus impulsores es una voluntad real o fruto de la coyuntura. Porque, si en última instancia el Ejecutivo de Puig y Oltra no ha liderado el nacimiento de la nueva radiotelevisión es simplemente porque no ha podido, porque no es un Gobierno monocolor con mayoría absoluta.

Hacer de la necesidad virtud tampoco está malPero hacer de la necesidad virtud tampoco está mal, siempre que sirva para no repetir los errores del pasado. Si la nueva televisión tiene un espejo en el que mirarse, ese es el de RTVV. El malogrado Canal Nou se convirtió por su estructura y diseño no solo en el cortijo político del Consell, sino en ejemplo de despilfarro y corrupción que ha acabado con directivos en los tribunales.

Que los nuevos mecanismos funcionen cuando haya un Gobierno con la tentación de volver a esas prácticas será, de verdad, la mejor noticia que pueda dar la nueva tele pública.