El Nobel de Literatura, que conoceremos hoy, tendrá este año una dotación de 944.000 euros. Aunque los organizadores del premio, la Academia Sueca, son amigos del desatino impertinente –véase al mediocre Camilo José Cela– y la travesura pertinente –Bob Dylan puso a ladrar a todo el gremio –, la casa de apuestas Ladbrokes ha anunciado una lista de posibles: desde el insufrible hípster Murakami al español Javier Marías (que me aburre mucho en novela, pero adoro por su mala baba en prensa), hasta los siempre mencionados Amos Oz, Claudio Magris y la canadiense Margaret Atwood, a la que ayudará la muy sobrevalorada teleserie El cuento de la criada.

No tengo duda alguna para señalar a mi candidato. Nadie como Stephen King, que acaba de cumplir 70 años hace unos días, merece el premio que dice consagrar una carrera marcada por el compromiso con la creación literaria y el respeto hacia los lectores, circunstancias ambas presentes en el escritor estadounidense. Le ningunean, primero, porque escribe best sellers, como si llegar a muchos fuese sinónimo de vulgaridad y, segundo, porque apuesta casi siempre por el género de terror, que nunca ha merecido interés académico, al igual que tampoco la ciencia ficción o la fantasía.

Me he encontrado varias veces en la tesitura de tener que defenderme por admirar a King, a quien considero el autor de varias de las mejores novelas del último tercio del siglo xx. En todas las ocasiones, sin una sola excepción, quien me lapidó por el pecado no había leído ninguna de las obras que criticaba.

Ningunean a Stephen King porque apuesta casi siempre por el género de terrorMe quedo con la opinión de la respetada ensayista Cynthia Ozick que, fuera de los estereotipos, resume así la obra de King: "Tiene un gran sentido de lo literario y su prosa desborda historia literaria. Lo que hace no es algo sencillo, no es mero palabrerío contemporáneo, y no es una tontería. Y lo anterior tal vez sea una forma torpe de decir que algo es inteligente, pero eso es lo que quiero decir". De modo más conciso, el escritor Walter Mosley señaló lo mismo: "Las obras de King convierten la vida diaria de los compradores de aspirinas en heroica".

Gran escritor en el sentido más glorioso del término popular (del pueblo, de todos), interesado en temas como el acoso escolar, la violencia contra las mujeres, la corrupción política, la difusión de falsas verdades, el desastre medioambiental o la dominación de masas, es un ciudadano sensible que tiene el honor de haber sido bloqueado en Twitter por Trump tras comentar: "Mi última idea para novela de terror: había una vez un hombre llamado Donald Trump, quien se postuló para la presidencia. Algunas personas quisieron que ganase». Creo que King es el único escritor de nuestro tiempo que hermana el miedo metafísico con el escalofrío clásico, el que mejor nos convierte en solitarios lectores ateridos por lo que hay en el fondo de nuestros cajones secretos.