El magistrado titular de los juzgados del condado de Alameda (California, Estados Unidos), Frank Roesch, ha aprobado una demanda de cambio de nombre presentada por la artista treintañera Kristin Sue Lucas, que desde ahora va a llamarse... Kristin Sue Lucas. No debe pensar el lector que la repetición exacta de la filiación es errata o equivocación. Al contrario, la firmante del requerimiento argüía que deseaba ‘una actualización’ (el verbo inglés es más descriptivo: refresh). "Estoy preparada para ser la versión más actual de mí misma, para vaciar mi caché", dijo al ser preguntada por el juez sobre su motivación para solicitarlo.

El deseo de reinicio, es decir, la necesidad de cambiar de piel y afrontar con asombro el riesgo de un segundo tropiezo en aquella piedra en la que ya había tropezado, o sufrir con una pérdida culposa por propia negligencia, me parecen apetecibles riesgos. Renovarse, gracias a dios, no es siempre la constatación de un error o un mal paso. Al contrario: casi siempre hacemos lo que podemos y lo mejor que podemos. Por mi parte volvería con gusto a bailar la misma canción en la ceremonia del primer amor, daría aquel pase estricto al delantero centro en mi mejor pachanga, leería de nuevo el Cantar de los Cantares sin desprenderme de la bautismal luz de la primera vez, diría "ahí te quedas" al discutible triunfador que afirmaba admirarme y hoy me trata como a un pordiosero...

En el escenario psicopático actual –con el disfrute masturbatorio del inevitable apocalipsis planetario, con parciales procesos de paz patrocinados por los mismos productores de tecnología militar que hacen infinita la guerra– nos obligan a vivir 24 horas al día en la precariedad. Pero ¿no es el terreno incierto de este preapocalipsis el más adecuado para reinventarse, buscar nuevos disfraces, recoger del basural las prendas inconexas de un Pennywise con sangre bajo las uñas? Los más avispados serán los más feroces.

Ni miedo al pasado ni temor al ridículo serán tropiezos

Deseo creer que Jose Ángel González está listo para el cambio y Jose Ángel González espera su reemplazo. Ni miedo al pasado ni temor al ridículo serán tropiezos, porque ambos desmerecen cuando se repiten. Además, estoy marcado: me dirijo a una vejez precaria y nada debo temer porque sobro.

Como la californiana Kristin Sue Lucas, desearía que un juez tan comprensivo e inhabitual como Your Honor Frank Roesch me permitiese intervenir en mi vida. En el fallo judicial, el magistrado consideró que la demandante goza de todo el derecho para "cambiar de nombre y volver a usar el que ya usaba", con la "capacidad de actualizarse del mismo modo que hacen las páginas web". Por su parte, Lucas prometió no abusar con demasiada ligereza del derecho que le garantizaba el tribunal y no regresar a la corte con la misma cantinela cada dos semanas.

Ya que nada es posible en España para conseguir una colaboración pagada con justicia o una renta mínima universal, al menos deseo volver a ser yo mismo, reponerme. Sustituir la tristeza de continuar por el siempre misterioso resultado de pulsar la tecla de reset. Honorable Roesch, allá voy, ya sabe usted cómo quiero (volver a) llamarme.