El ejercicio lo repitieron en muchos colegios del Reino Unido y el resultado siempre fue el mismo. Era muy sencillo: se pedía a niños y niñas de 6 años que dibujaran a un bombero, un cirujano o un piloto. Y la gran mayoría, ellas y ellos, dibujaron a hombres. El bombero Gary, el bombero Stan, el bombero Simon. De grupos de 70 niños, apenas 5 o 6 representaban esa profesión con un cuerpo y nombre de mujer. Cuando el ejercicio terminaba, la profesora animaba a entrar a la clase a ese bombero, ese cirujano y ese piloto, y todos eran mujeres. Las caras de los niños y de las niñas mostraban su sorpresa. Y era el mejor ejemplo de que desde muy pequeños estamos condicionados por el género. El experimento de Inspiring Girls quería enseñar a los más pequeños que ser mujer no es una limitación a la hora de elegir una profesión.

No hay limitaciones excepto el propio esfuerzo. Ese es el mensaje a nuestras hijas: estudia lo que te apasione, elige la profesión que te motive. Y elígela con esos dos únicos baremos. Olvídate de si eres mujer o no. De si puedes o no. De si la sociedad, el sistema, las empresas, te ayudarán a lograr tu objetivo. Sí, es el mensaje que debemos transmitir aunque en el fondo pensemos que las trabas que se encontrarán en ese camino serán muchas. Que el esfuerzo no se premiará igual para ellas que para ellos. Que tendrá que soportar comentarios y actitudes machistas. Las mujeres que escogen, por ejemplo, dedicarse a la investigación son mayoría en las facultades y cuando terminan. Pero conforme van accediendo al mundo laboral, en cuanto deciden ser madres, el porcentaje se invierte. En las cátedras, por cada cuatro hombres encontramos una mujer.

Mi hija está en pleno proceso de elegir qué quiere estudiar, de pararse a pensar por qué optativas o rama se decanta, si ciencias o humanidades, si materias más técnicas o asignaturas menos especializadas. Sí, le toca pensar en el Bachillerato y, por tanto, en qué carrera o profesión quiere estudiar. Y aunque el mensaje es "elige lo que te apasione", en esta generación más que en ninguna otra pesan mucho las salidas laborales que tengan. Les quedan 10 años (en el mejor de los casos) para acceder al mundo laboral y el deseo como madre es que en ese tiempo algo cambie. Que quienes pueden y deben tomen decisiones para que, si ella decide ser madre, ni el horario ni la baja maternal ni una hipotética reducción de jornada la penalicen. Que su sueldo sea exactamente igual al de su compañero de pupitre. Y que si quiere y puede, logre acceder a un puesto de dirección. Esa es nuestra tarea pendiente, la de mi generación. Apenas un 4% de mujeres se sientan en los consejos de administración de las 500 empresas más importantes del planeta. Ocupar los despachos será su reto.