Los artículos del Código Penal que castigan los delitos de terrorismo otorgan una sobreprotección a los bienes jurídicos atacados por este tipo de delincuencia, de manera que consideran punibles conductas muy lejanas de un posible atentado, como por ejemplo frecuentar contenidos de internet que simpaticen con determinadas organizaciones o realizar actos de menosprecio hacia las víctimas. En este último supuesto, castigado con hasta tres años de cárcel, vienen incluyéndose por la Fiscalía y los Tribunales españoles determinadas manifestaciones o expresiones que, en un marco lúdico o humorístico, parecen más cerca de la chirigota que del menosprecio.

Llama la atención que no se tenga en cuenta la intención primordial de sus autores a la hora de abrirles procesos o incluso condenarlos. También es llamativo que, en muchos de esos casos, las teóricas víctimas no se sientan ofendidas: así pasó con Irene Villa en el caso de Guillermo Zapata, o ahora con la nieta de Carrero en el caso Cassandra Vera. ¿Implica todo esto que nuestras leyes y tribunales aplican un rigor excesivo? ¿O más bien que las redes sociales por internet están generando un lenguaje sin normas que choca con los valores tradicionales? La respuesta a estas cuestiones ha de ayudar a encontrar un punto de equilibrio, en una confrontación que tiende a crecer. En todo caso, no olvidemos que el artículo 3 del Código Civil establece que las normas se interpretarán también en relación con "la realidad social en que han de se han de ser aplicadas".