El descontento ciego ha llegado hasta la Presidencia de Estados Unidos. Y ahora quizás por fin la política tradicional y los poderes financieros se planteen qué están haciendo mal para que 59 millones de estadounidenses prefieran votar  a un demogogo destroyer antes que a una candidata preparadísima del establishment. ¿Se enmendarán la plana? ¿Serán capaces?