Se acabó el buen rollo. Ramón Espinar y Rita Maestre  no pueden fingir ni un minuto más. Espinar utiliza su historia del pisito para erigirse en víctima de una supuesta conspiración como si los ‘poderes fácticos’ quisieran favorecer a su rival.  Sabe que  Maestre tiene las manos atadas y que no puede afrontar  la maniobra sin riesgo de que la acusen de traidora. Pero las redes arden en su batalla de Madrid. Y Podemos también.