Trasplantes y accidentes de tráfico: mitos y realidades

RAFAEL MATESANZDIRECTOR DE LA ORGANIZACIÓN NACIONAL DE TRASPLANTES

He visto por televisión una entrevista a una destacada dirigente de uno de los nuevos partidos a quien preguntaron cómo podía compatibilizarse el liderazgo de España en materia de donación y trasplantes con la denuncia reiterada del desmantelamiento de nuestra sanidad. Contestó sin pestañear y con ese inconfundible estilo de los políticos que recitan un argumentario, que eso se debía a que España tiene una enorme tasa de accidentes de tráfico, fruto de la mala inversión en carreteras y que la tasa de trasplantes está ligada en cada país a la cantidad de gente joven que muere por accidentes. Para remacharlo añadió con tono profesoral que "los análisis sociológicos requieren más causalidad que lo exclusivamente político" (¿?).

Una cosa me quedó clara: soltar cualquier barbaridad como respuesta a la pregunta de un periodista no es exclusivo de ningún partido, es habitual con independencia de que el político se autocalifique de nuevo o de viejo, y algo que se aprecia mejor cuando hablan de asuntos cercanos al oyente y tan solo se sospecha cuando uno no es experto en el tema. Admiré no obstante su capacidad de síntesis porque es difícil decir más inexactitudes en menos tiempo.

La imagen de que el donante de órganos es una persona joven que sufre un accidente de tráfico es de hace no menos de un cuarto de siglo (bastante vieja por tanto). Si en al año 1992, el 43% de los donantes españoles tenían este origen en el momento actual son tan solo un 4,2%, es decir una cifra cuantitativamente irrelevante en el conjunto total. De los 1.851 donantes habidos en 2015, solo 78 tuvieron este origen y una buena parte fueron atropellos y no en edades juveniles. La imagen del motorista joven sin casco afortunadamente es poco más que una leyenda urbana en España, aunque haya políticos dispuestos a repetirla.

Naturalmente ello no es casualidad. Desde la entrada en vigor de la Ley de Seguridad Vial en 2005, España es uno de los países que más ha reducido su siniestralidad vial en toda Europa y según EUROSTAT, de los grandes países europeos comparables al nuestro  solo en el Reino Unido es menor, mientras que Alemania Francia, Italia y otros muchos tienen tasas sensiblemente superiores. Algo se habrá hecho bien en materia de seguridad vial.

¿Quiénes son pues nuestros donantes de órganos? Mayoritariamente personas mayores que fallecen como consecuencia de un accidente cerebrovascular en su gran mayoría. Y ello pese a que sólo Francia tiene una mortalidad inferior a España por esta causa mientras que Alemania, Reino Unido e Italia entre otros muchos la tienen superior. Si hablamos de edades, más de la mitad de nuestros donantes tienen más de 60 años y en el 2015, casi la tercera parte tuvieron más de 70 y hasta el 10% más de 80 años. Por referirnos a los jóvenes que según nuestra “experta” serían la mayoría de los donantes, los menores de 15 años representaron en 2015 un 1,6% y los de 15-30 tan solo un 4%. El motivo es obvio: como en cualquier país desarrollado y España sin duda lo es, las muertes evitables se evitan, y los accidentes lo son en gran medida.

Liderar el mundo durante un cuarto de siglo en este tema, asienta sobre bases muy sólidas: una gran solidaridad de los españoles (y de los inmigrantes, que están donando al mismo nivel), un sistema nacional de salud de altísima calidad en las 17 CCAA, con unos profesionales que nada tiene que envidiar a los de cualquier otro país, y por fin un sistema organizativo conocido internacionalmente como “Modelo Español”, basado en unos profesionales perfectamente entrenados: los coordinadores de trasplante, con un organismo técnico como la ONT que dirige su formación, protocoliza su actividad y les ayuda en cuantos aspectos precisen para desarrollar su actividad.

Todo este esfuerzo colectivo de la sociedad española sinceramente no merece estas frivolidades.

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