Estimado Billy. Ayer me topé con tu historia casi por casualidad. Esa que, a veces, también hace que la vida te cambie para bien o para mal en cuestión de segundos.

Supe que, en tu caso, tu destino cambió un fatídico 16 de abril de 2017. Justo ahora se cumple un año, un año de que tu bólido chocase violentamente contra otro monoplaza en la pista de Donington Park. Allí estuviste atrapado más de dos horas, el tiempo que tardaron en sacarte del amasijo de hierros para trasladarte a un hospital, donde los médicos pudieron salvarte la vida, pero tuvieron que amputarte las dos piernas. Con solo 17 años y toda la vida por delante.

Sin embargo, y ahí llega tu primera lección al mundo, no le diste la espalda a tu nueva realidad. Encaraste tu nueva vida e hiciste de ella un espejo donde muchos ahora se miran. Lograste cosas nada fáciles, como conmover a todo un país, Reino Unido, y unir el deporte de la Fórmula 1, porque no todos los días un chaval logra que las estrellas del gran circo –Hamilton, Rosberg, Button...– contribuyan económicamente a un fondo destinado a permitir que pudieras continuar con tu sueño de volver a pilotar.

El deporte es rivalidad, competitividad, espectáculo. Pero también es solidaridad y superación. Aunar esos dos grandes conceptos es lo que tú has logrado.

Ahora has vuelto a ser noticia. Y por partida doble. Me ha maravillado verte de vuelta a los circuitos. Fue el pasado fin de semana a manos de un monoplaza adaptado a esa nueva realidad. De buenas a primeras, no solo cumples tu objetivo sino que lo haces con nota: un podio en la Fórmula 3 Británica que, de nuevo, asombró a medio mundo. Esa, por ahora, ha sido tu segunda lección de vida. Y la disfrutaste, vaya si la disfrutaste. Fuiste al cajón con paso firme... aunque fuera con la ayuda de unas prótesis y unas muletas. Sin embargo, no te has recreado y, casi incomprensiblemente, solo piensas en correr de nuevo.

Dicen que los milagros existen. También que los deportistas estáis hechos de otra pasta. Son dos tópicos que se pueden aplicar a tu caso. Afortunadamente, no eres el único ejemplo de deportista que ve truncada su carrera y que tira de coraje ante la adversidad. En España tenemos los casos de Isidre Esteve o de la malograda María de Villota.

"Si en algo me afectó el accidente fue para hacerme más fuerte", dices tú. Yo te digo que tu optimismo es nuestra fortaleza.