En estas fechas, miles de estudiantes están decidiendo qué carrera estudiar. La elección no siempre es sencilla y es aún más difícil si no se tiene claro por qué merece la pena ir a la universidad. Si pensamos en las razones por las que merece la pena estudiar un grado, debemos tener en cuenta que educación superior y empleabilidad van de la mano.

Biblioteca de la Universidad Autónoma de Madrid

A mayor nivel de estudios, mayores son las posibilidades de conseguir un empleo en sectores, casi siempre más estimulantes, a los que no se puede acceder sin una titulación universitaria. La sociedad se transforma a un ritmo vertiginoso y cada día surgen profesiones de las que aún no hemos oído hablar.

Los estudiantes no pueden, por tanto, elegir un grado con el nombre de esa profesión, pero sí deben saber que, sin la formación que proporciona la universidad, no podrán acercarse al abanico de profesiones emergentes que marcarán el futuro. ¿Qué carrera elegir entonces, si la ocupación soñada aún no tiene un grado con el que encaje plenamente? No hay que tener miedo, el grado es solo el primer peldaño: lo mejor es optar por lo que realmente nos gusta y unas decisiones irán llevando a otras.

En el mundo de hoy, tenemos que estar aprendiendo toda la vida: ¿cuántas cosas que no sabíamos hace diez años son ahora parte de nuestro día a día? Con la formación ocurre lo mismo, se va reinventando, pero hay puertas que, sin un grado, están cerradas. Una apuesta de cuatro años es una apuesta fuerte, pero hablamos de lo que habrá de marcar el resto de nuestra vida.

No conozco a nadie que se arrepienta de haber estudiado, sí de muchos que lamentan haber perdido el tren. Pero ¿y si no soy de empollar? La universidad no es solo ir a clase y estudiar para los exámenes: es esforzarse mucho, aprender a trabajar en equipo, plantearte preguntas y buscar soluciones nuevas, gestionar tu tiempo y ser independiente.

También salir del entorno inmediato que has conocido en tu barrio y conocer a personas de todas partes que te acercan a realidades que ahora ni imaginas, poder estudiar en el extranjero y adentrarte en el mundo profesional haciendo prácticas, vivir un mundo universitario repleto de actividades culturales que te hacen desear que el día tenga más horas.

En la universidad aprendes técnicas, metodologías y conceptos (muchos) pero, sobre todo, aprendes a mirar con otros ojos, a tener una opinión formada e informada con la que ser solvente en el mundo contemporáneo con la cabeza bien amueblada: eso es la universidad.