Frente al discurso antifeminista que quieren imponer desde la extrema derecha, respondamos con datos. A lo largo de 2018 han sido asesinadas 47 mujeres por violencia de género según las estadísticas oficiales. Y la cifra será mucho mayor cuando se contabilice a todas las víctimas por el hecho de ser mujeres, aunque el victimario no sea su pareja o expareja (como Diana Quer o Laura Luelmo). Aun así, estamos hablando de 976 mujeres asesinadas en los últimos 16 años.

No me resisto a poner en comparación esta cifra terrible con las 829 personas que asesinó ETA en 37 años, entre 1975 y 2011. Podemos hablar sin ambages de terrorismo machista. Por supuesto que no todos los hombres maltratan y asesinan a sus parejas ni se van de cacería sexual en fiestas, pero todas las mujeres, todas, son víctimas potenciales.

No estamos ante un caso aislado ni ante miles de casos aislados. Esto es prácticamente una guerra. Y no cabe neutralidad. Existe una estructura de poder, que se ha reproducido a lo largo de milenios y que da sustento a ese feminicidio. Se trata del patriarcado, de la dominación milenaria de los hombres sobre las mujeres.

Por eso, las mujeres cobran un 16% menos que los hombres. Por eso, las mujeres tienen que demostrar el doble de capacidad que los hombres para acceder a puestos de mayor responsabilidad. Por eso, las mujeres no pueden recorrer las calles de noche sin miedo. Son consecuencias directas del machismo, "el apartheid más largo de la historia", como escribió la poeta Marta Navarro.

Es cierto que en las últimas décadas las mujeres han avanzado, se han movilizado, han visibilizado las huellas más lacerantes de su discriminación. La espectacular huelga general del pasado 8 de marzo fue la expresión sin precedentes del empoderamiento de las mujeres en España.

Por otra parte, el año pasado se desató el efecto dominó del #MeToo que ha permitido destapar la arraigada costumbre masculina de ejercer la violencia sexual contra las mujeres en diversos ámbitos profesionales. Frente a esa movilización, algunos hombres reaccionan a la defensiva, recelosos de perder sus privilegios, acusando al feminismo de atacar al género masculino en su conjunto. Nada más alejado de la realidad. Volvamos a los datos.

El feminismo no es el dominio de las mujeres sobre los hombres. Feminismo es igualdad. Lo dice el Diccionario de la lengua española: "Principio de igualdad de derechos de la mujer y el hombre". Y eso que en la Real Academia solo hay un 17% de académicas.

No nos dejemos engañar por el falaz discurso antifeminista. Tras él solo se pretenden defender los privilegios masculinos. Quien dice rechazar la "ideología de género" solo persigue perpetuar la desigualdad. Hombres y mujeres juntos debemos combatirla.