"¡Enhorabuena, Inés! Has hecho una gran campaña. Como compañero y como español quiero que sepas que estoy muy orgulloso. Un beso muy fuerte". Este fue el mensaje de WhatsApp que envié a Inés Arrimadas solo 24 horas antes de la victoria histórica que ha descarrilado al independentismo y ha desatado la marea naranja en toda España. Ciudadanos ha ganado las elecciones en Cataluña con todo el aparato de propaganda secesionista en contra. Es la primera vez que un partido no nacionalista lo consigue y que una mujer es la candidata más votada para presidir la Generalitat.

Un millón cien mil personas respaldaron su discurso a favor de la reconciliación, de un diálogo que tienda puentes entre quienes opinan distinto y que esté centrado en los problemas reales de los catalanes: el paro, la huida de empresas o el bienestar de las familias. Frente a la división o la ambigüedad del resto, el suyo ha sido un discurso de progreso dirigido a una Cataluña que quiere seguir siendo española y europea, donde el dinero se invierta en lo que de verdad importa y no en embajadas ni en chiringuitos políticos.

Inés Arrimadas, jerezana de nacimiento y catalana de adopción, y Albert Rivera, catalán de madre malagueña, son la prueba de que los enfrentamientos territoriales, la división entre rojos y azules o el tópico de ‘las dos Españas’ ya no tienen sentido. El futuro será de quienes sean capaces de hablar de lo que podemos construir juntos. Los ciudadanos exigen otra forma de hacer las cosas. El viejo bipartidismo pierde apoyos cada vez que hay elecciones. Su recurrente y agotadora alternancia en el poder, así como sus pactos opacos con nacionalistas y populistas no han resuelto los problemas.

En su madurez política, los españoles reclaman menos discusiones y más consensos. Por eso, frente a la ruptura, Ciudadanos lidera las reformas. Nuestros 32 representantes en el Congreso fueron la clave que impidió que el país se parase tras la repetición de las elecciones en 2016. Sin nuestra presión, el partido conservador nunca habría aceptado nuestra Ley en favor de los autónomos, el aumento de las semanas de permiso por paternidad o la tramitación de ley contra la corrupción y por la regeneración democrática.

En la Comunidad de Madrid, sucede algo muy parecido. Después de veinte años de mayorías absolutas ininterrumpidas del PP, hoy Ciudadanos es decisivo y condiciona cada Ley que se aprueba en la Asamblea y cada euro de los presupuestos regionales. Solo en 2018, las cuentas públicas sumarán 800 millones de euros más para mejorar la sanidad y la educación, además de permitir desarrollar de forma pionera el cheque formación para parados y aumentar las ayudas a las personas dependientes, con discapacidad o en riesgo de exclusión.

Y lo que es más importante, estas nuevas inversiones serán compatibles con la nueva bajada de impuestos que hemos logrado arrancar al partido conservador, triplicando las bonificaciones en el IRPF por nacimiento o adopción de hijos y aumentando las que disfrutan los jóvenes que viven de alquiler. Hechos y no palabras. Los catalanes ya han podido comprar en primera persona cómo el voto a Ciudadanos es un voto para romper los bloques tradicionales y para acabar con el inmovilismo que frena la modernización de nuestro país. Esta es nuestra primera victoria electoral en un parlamento autonómico, pero no será la única. Sigamos trabajando.