Niños atrapados

CARMELO ENCINAS. PERIODISTA
Carmelo Encinas, colaborador de 20minutos.
Carmelo Encinas, colaborador de 20minutos.
JORGE PARÍS

El mundo está plagado de niños atrapados en la miseria. Se cuentan por decenas los países en los que el nivel de pobreza sitúa a los huérfanos en la escala más baja de la subsistencia, abandonados a su suerte, condenados a la indigencia, la incultura y el desamor. He seguido la peripecia de amigos o compañeros que han querido adoptar uno de esos críos enclaustrados en sórdidos orfanatos y cómo sufrieron un auténtico calvario anímico, económico y burocrático hasta lograr su objetivo. Los padres adoptivos, que no hacen sino rescatar del infortunio a unas criaturas condenadas sin haber cometido delito alguno, son objeto de toda suerte de abuso por parte de quienes gestionan sus vidas. Que eso suceda en países subdesarrollados o donde los derechos humanos son una entelequia nos indigna pero que suceda aquí en España es un escándalo.

En nuestro país hay 18.000 niños viviendo en orfanatos mientras que más de 30.000 familias españolas están inmersas en procesos de adopción. El pasado año fue aprobada una ley de protección de la infancia con la pretensión de regular y, sobre todo, agilizar las adopciones. Esa nueva legislación pasaba las competencias de las Comunidades Autónomas al Estado lo que parecía razonable en el intento de sacar el asunto del marasmo administrativo. Sin embargo, como tantas veces, proclamaron la ley con toda la pompa y se durmieron elaborando el reglamento que la desarrolla. El resultado es que, a pesar de que España es el segundo país del mundo en petición de adopciones, apenas prosperan procesos.

Ese tiempo no pasa sin quebranto para los críos. Según los datos que maneja Familias de Colores, uno los organismos acreditados para las adopciones, el 90% de los niños que viven en los hospicios tiene más de seis años, algunos son hermanos o sufren alguna patología, y a medida que se van haciendo mayores pierden atractivo para los padres solicitantes. La directora general de esta institución, Susana Morales, ha reclamado campañas que permitan visualizar este problema y que en países como Holanda lograron concienciar y multiplicar por diez el número de adopciones.

Hay además un asunto económico de por medio que habría que revisar con cuidado. Los informes de adopción, y que son claves para que prospere el proceso, los realizan los mismos técnicos de los orfanatos donde se alojan. Esas residencias reciben de la Administración unos 3.000 euros de media por cada crío. Lo realmente llamativo es que las familias de acogida apenas reciben una décima parte, unos trescientos euros, por hacerse cargo de ellos.

Algo huele raro en este asunto de las adopciones en el que se mezcla una burocracia torpe y desidiosa con los intereses y falta de escrúpulos. Hay miles de niños atrapados que no merecen esa suerte.

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