CARLOS G. MIRANDA. ESCRITOR

Los límites del humor y de la ofensa

Carlos G. Miranda.
Carlos G. Miranda.
CARLOS G. MIRANDA

Un guionista de Allí abajo hace un chiste sobre andaluces tirando del cliché de que leen poco. Un actor, con una carrera cimentada a base de humor regional, pide a los indignados que prendan las antorchas. La productora aviva las llamas al dejar con el culo al aire al guionista, se unen a la gresca los que se ofenden con los ofendidos, prohibiéndoles que se indignen porque hay libertad de expresión... Lo normal en Twitter al bromear con temas espinosos. ¿Chistes de feminismo? Eres un machista. ¿De Cataluña? Españolazo. ¿Bromas con Carrero Blanco? A la cárcel.

Los jueces del humor en redes, que deciden lo que entra en el guion y lo que no, argumentan que hemos evolucionado como sociedad y ahora tenemos conciencia de que las películas de Ozores eran de pecado. Hay otros que reconocen que siguen teniendo gracia, pero esas bromas mejor hacerlas fuera de plano. Suena a que hemos visto tantas películas del otro lado del charco que le hemos copiado la corrección a la sociedad americana. Esa vive en casas de vallas blancas, como vecinos ejemplares, aunque luego sueñan con adolescentes desnudas flotando en techos de pétalos de rosas.

Igual esas películas de las últimas décadas explican por qué esto de vivir en la ofensa (algo a lo que, como señaló en Twitter Diego San José, guionista de 8 apellidos vascos, nadie se plantea ponerle límites) es tan de las nuevas generaciones. Las de nuestros padres no tienen la piel tan fina porque el cine que vieron era de barrio, con protagonistas a los que se les daba genial reírse del señorito, de las que tienen que servir y de ellos mismos. Se habrían tirado menos cines de esos de haber sabido que también iban a caer los cimientos de la libertad de reír a carcajadas, y los de confundir un chiste con una opinión, otro género en peligro. Tardo un buen rato en escribir una columna como esta porque tengo que preguntarme en cada párrafo qué puede ofender.

Hay una nueva línea editorial en redes sociales que es la del "yo no fumo, yo no bebo, yo no digo malas palabras, yo soy bueno", como dice Rafa, de Hombres G, en Sufre mamón. La película de Summers, un festival de incorrección humorística inocente, hoy lo tendría difícil para ver la luz. También La vida de Brian, Top Secret o La loca historia de las galaxias, parodias que ayudaron a convertir a esas de las que se burlaban en clásicos. Restarle importancia es el mejor modo de superar y afianzar una identidad que pesa. Quizás ese es el miedo que esconde tanta crispación, ahora que todos somos protas de una película proyectada en la pantalla del smartphone... Suena terrorífico, así que, al menos, el que quiera, que se lo tome a cachondeo. Además, que un día sin reír es un día perdido. Lo dijo un cineasta experto en ofender: Chaplin.

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