Incomprensible y triste perro Mundo. Comenta Javier Hurra –que prepara un libro sobre violencia de género– a sus amigos: "Desde luego, hay algo o mucho que no estamos haciendo bien". ¿Algo? ¿Mucho? ¿Todo? Mira, Mundo; el panorama que nos ha tocado vivir es sencillamente aterrador. Pero tú, claro, solo eres una bola deforme, aquel famoso pequeño planeta azul. Si te dirijo a ti esta carta es para ahorrarme la cantidad de siglas que tendría que poner (ONU, G7, FMI, UE…) y también de nombres propios empezando sin duda por el mío.

Estamos asesinando a niños, a refugiados, a mujeres... Todos tenemos las manos manchadas de sangre

Es que hace un par de días, aquí al lado, en el Mar de Alborán, Salvamento Marítimo rescató a tres supervivientes de una patera. El resto, 49 seres humanos, están muertos. Y es que, verás, Mundo, en lo que va de año ya deben de haber fallecido en el Mediterráneo cerca de 1.400 personas; todos ellos, los muertos y los que lograron sobrevivir, forman parte de los más de 65 millones de hombres, mujeres y niños que se encuentran desplazados por el mundo buscando un hilo de esperanza para su futuro. Algo debemos estar haciendo mal, Mundo, porque una de cada tres mujeres que habitan este planeta sufre violencia física y/o sexual en algún momento de su vida. Y no hay ricos y pobres en este tremendo drama: la violencia de género no entiende ni de culturas ni de rentas per cápita.

Pero si prefieres, Mundo, hablamos de conflictos armados, de tensiones sociales, de terrorismo: son tantos que me resulta casi imposible contabilizarlos. Te diré solo lo que ha ocurrido en los seis años que lleva Siria en guerra: casi medio millón de muertos y más de un millón y medio de heridos. No está mal, ¿no? Pues con esas cifras amanecemos cada día, desayunamos los que podemos permitirnos ese lujo y nos saludamos cortésmente los unos a los otros. Con esas cifras van mis nietos cada día a su colegio sin saber que 8.500 niños como ellos morirán ese día a causa de la malnutrición. Y mañana otros 8.500, y pasado mañana.

Mira, Mundo perro, hoy no estoy para bromas y te dirijo esta carta desesperada avergonzado cuando repaso las cosas que me preocupan. Esto es un disparate. No estamos haciendo algo mal, estamos, sencillamente, asesinando a niños, a refugiados, a mujeres, a minorías, y todos tenemos las manos manchadas de sangre. Dime, injusto y perro Mundo, qué puedo hacer para no sentirme tan culpable. No basta con escribir esta columna, con mandarte esta carta; pero no sé qué más puedo hacer sino llorar y lamentarme. Ni las lágrimas ni los lamentos van a cambiar el paisaje. Ese es el drama.

Imposible despedirme de ti porque soy parte tuya.

Andrés Aberasturi