El juicio del procés está sirviendo, entre otras cosas, para que el gran público vea el mecanismo de un juicio penal, y lo mucho que dista de la narrativa de Hollywood. Por eso es importante entender que nuestra Ley de Enjuiciamiento Criminal data de 1882, sin perjuicio de las muchas reformas que se han implementado.

La LECr determina que primero se tomará declaración a los encausados, seguido de testigos. Esto difiere de lo que ocurre, por ejemplo, en EE UU, donde la fiscalía practica su prueba primero y donde el acusado no puede ser obligado a testificar.

Así las cosas, la semana pasada se produjo el comienzo de la declaración de los testigos, que durará durante las próximas semanas dado que se aprobaron cerca de 500 testigos. La testifical no ha estado exenta de titulares, que a su vez han dado a preguntas sobre los límites legales.

De tales acontecimientos se pueden extraer cuatro lecciones importantes:

-Los testigos tienen que decir la verdad y por ello prestan juramento o promesa de decir la verdad, bajo pena de incurrir en delito de falso testimonio. Recuerden el apercibimiento del abogado de Jordi Sánchez a Rajoy.

-Tampoco pueden hacer valoraciones, dado que son llamados para dar testimonio de los hechos que conocen directamente (véase la diferencia entre las declaraciones de los encausados y la de Rufián).

-No pueden negarse a responder o a comparecer; si lo hacen, pueden ser multados, si persisten, ser acusados de desobediencia. Esto ocurre en otros países de nuestro entorno y es lógico.

-Por último, si hablan español, no pueden exigir intérprete, lo cual en un tribunal español es comprensible. Estas cuatro claves serán útiles para las próximas semanas.