Señor presidente de la Conferencia Episcopal. Le escribo para saber de su propia boca o de su propio puño (me vale también de su propio teclado) si es cierto que la Iglesia no da por válidas las hostias sin gluten. Al leer la noticia, me asaltó la incredulidad, pero vi que el medio y la fuente citada son de todo crédito. Sin embargo, inmediatamente recordé otros mitos que nos han contado los curas, y me barrunté que tal vez sea este uno más.

Por ejemplo, nos dijeron que no se debía comulgar si uno había comido algo en la hora inmediatamente anterior; o que si alguien moría al poco de nacer sin ser bautizado, no podría ingresar en el reino de los cielos, sino en el Limbo. En el lado de los mitos optimistas, nos tranquilizaban promesas como que si comulgábamos los nueve primeros viernes de mes tendríamos garantizada la gloria eterna, pasara lo que pasase después de completar la serie.

No sé qué fue de todo aquello, porque no he ido actualizando la cultura religiosa que recibí en el colegio, y hasta me he perdido en la polémica de si el infierno existe o no.

Creía que la importancia de tal símbolo no reside en la materia con que se elabore, sino en su significado

Y por eso le escribo, cardenal. Para aclararme sobre lo del gluten, porque la Congregación para el Culto Divino y la Disciplina de los Sacramentos ha enviado una carta circular a los obispos donde les recuerda que las hostias sin nada de gluten no se convalidan.

Yo creía que tanto el pan como el vino representaban el cuerpo y la sangre de Cristo, y que ambos servían como símbolo para que la comunidad cristiana participase de un rito común. Y que la importancia de tal símbolo no reside en la materia con que se elabore, sino en su significado. Sin ánimo de faltar al respeto, la decisión del gluten (caso de que su eminencia me la confirme) se parecería a que la Biblia solo pudiera publicarse en papel, pues en su día fue concebida en un soporte físico y ningún profeta dijo nada sobre internet. O sea, que no lo profetizaron.

El gluten perjudica a muchas personas, las marcas comerciales han desarrollado líneas de comestibles adaptadas a ellas y esos productos los vemos a menudo en los estantes de alimentación. Por eso, eminencia, me hallo perplejo. Ya sabíamos que la ciencia iba siempre por delante de la Iglesia, pero no esperábamos que también la adelantaran los supermercados.