Admirada Isabel: Me ha conmovido la carta que publicas en El País este miércoles. Y uso la palabra 'carta' porque me ha dado la impresión de que estaba escrita para mí; y he imaginado que lo mismo les habrá ocurrido a cientos de miles de lectores que habitan contigo y conmigo la tierra de nadie. Por supuesto, se trata de un espejismo emocional, pues ni tu texto llegó en sobre a mi nombre ni las agresiones que otros hemos sufrido se pueden equiparar con lo que acabas de vivir.

Sin embargo, me sentía concernido porque tu desolación es la mía; y por eso me permito apropiarme de la botella que has lanzado a este mar silencioso en el que tanta gente intenta mantenerse a flote agarrada a una tablilla, a un hilo a punto de romperse: a una esperanza.

Las irresponsabilidades de los de allá y de los de acá, acompañadas por la agresividad de sus respectivos radicales, han dejado en el medio a millones de ciudadanos perplejos, asustados, enfrentados a una tensión insufrible en su vida cotidiana y a un problema que hace algunos años ni existía. Y en ese país de nadie nos acosan la violencia verbal del lado independentista y la violencia verbal y física desde el lado del Gobierno español.

Se puede con una bandera que no es bandera

Y dónde queda la gente sin bandera. No parece haber sitio para ella, Isabel. Los extremos de cada lado se han erigido en representantes de cada uno de sus todos, con la ayuda inestimable de los micrófonos que recogen esas absurdas 'encuestas de calle' a las que acuden antes los irritados que los tranquilos. El espacio público se llena de opiniones pero expulsa los argumentos. Paradójicamente, los excesos de cada uno de esos dos ejércitos tan bien pertrechados de sinrazón arrojan en brazos del rival a quienes se hallaban alejados de él, y se va reduciendo ese colchón intermedio que aún podemos preservar para impedir el choque de quienes empiezan a pisarlo: el espacio del diálogo y del sosiego.

Te llamaron fascista, te amedrentaron en la calle amparados en una bandera. Pero ¿aún se puede responder a las banderas sin banderas? Se puede. Y eso es lo que quería decirte. Se puede con una bandera que no es bandera. Sólo con la bandera que haces tuya: la bandera blanca. La bandera de volver a empezar aunque los radicales nos digan que ya es tarde.

Y nos dicen que es tarde porque también se han apoderado del tiempo. Pues debemos quitarles el reloj, para volver al día en que tú podías salir de casa tranquila a tirar la basura y yo no imaginaba que podrías escribirme una carta.