Joan Ferran  Historiador y articulista

Quejas y aplausos

Los vecinos critican que el llamado mercado de la miseria degrada el barrio.
Los vecinos critican que el llamado mercado de la miseria degrada el barrio.
MIQUEL TAVERNA

Hace ya algunos años que el escritor y crítico de arte Robert Hughes narraba en uno de sus libros las características de lo que denominó ‘la cultura de la queja’. Argumentaba que en la sociedad americana el ciudadano se sentía cómodo criticando y centrifugando culpas hacia los demás sin que, como contrapartida, asumiera e interiorizara sus deberes y obligaciones. 

Algo de eso debe haberse inoculado en nosotros. Quizás formamos parte, sin darnos cuenta, de una sociedad de cascarrabias presta a criticar todo lo criticable sin importarle las consecuencias. Prolifera la queja fácil y se extiende la desconfianza hacia los responsables de las instituciones públicas. Magnificamos los conflictos e infravaloramos las soluciones. 

"Prolifera la queja fácil y se extiende la desconfianza hacia los responsables de las instituciones públicas. Magnificamos los conflictos e infravaloramos las soluciones"

Creo que debemos rectificar sin dejar de ser exigentes. Cuando un gestor público atiende las demandas de los ciudadanos y busca soluciones hay que reconocerlo, merece una sonrisa. Conviene hacerlo por higiene democrática sin que importe lo más mínimo el color político del actuante

Y eso ha ocurrido en la Ronda de Sant Antoni de Barcelona, donde los vecinos reclaman que se ponga fin al ‘mercadillo de la miseria’, se garantice la seguridad, la limpieza y se actúe con urgencia sobre la losa de cemento. 

El Ayuntamiento de Barcelona ha atendido las reclamaciones del vecindario y va a intervenir. Cuando las cosas se hacen bien toca mirar hacia arriba y aplaudir. Hagámoslo sin complejos. Charles Chaplin solía decir: "Nunca encontrarás el arco iris si estás mirando hacia abajo”.

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