El Fiscal General del Estado, Cándido Conde-Pumpido, cuenta desde este jueves con una importante misión: investigar la denuncia por robo de 261 niños. La Asociación Nacional de Afectados por Adopciones Irregulares (Anadir) ha acudido a él para que les ayude a arrojar luz sobre sus familias biológicas y sobre su pasado. En la asociación hay casos de todo tipo: padres que buscan a sus hijos robados, hijos que buscan a sus hermanos desaparecidos, hijos que buscan a sus padres biológicos...

La mayoría de los casos de robos de bebés se sucedieron entre los años 60 y 70; pero también se extendieron durante buena parte de los años 80, incluso en los 90. Madrid, Andalucía y Cataluña son las comunidades que más denuncias de robo acumulan, aunque el supuesto tráfico de bebés robados para adopciones ilegales se extiende a toda España.

El patrón es siempre el mismo y detrás, como denuncian los afectados, existiría una trama organizada de personas que trafican con los niños, los roban, los venden a familias que no pueden tener hijos y los inscriben legalmente como hijos biológicos suyos. Nadie habla de adopciones. Ningún padre firma ningún documento entregando voluntariamente su hijo en adopción. Médicos, funcionarios, intermediarios, curas... mucha gente debió de participar en el proceso para mantener la apariencia de normalidad.

Todavía a las puertas de la Fiscalía, rodeada de gente, Flor Díaz, de 48 años, miembro de Anadir, espera la salida del presidente de la asociación, Antonio Barroso, el hombre que ha movilizado a los afectados y que cada día recibe las llamadas de personas con casos sospechosos.

Flor también se ha sumado a Anadir porque busca a dos hermanos. Es de la Línea de la Concepción (Cádiz) y cuenta cómo en el año 67 su madre dio a luz a un niño. Cuando su madre despierta "le dicen que el niño ha muerto, pero no se lo dejan ver. Solo a su suegra, tras mucho insistir, le enseñan el cadáver de una criatura muy grande, como un bebé de dos meses. Entonces el hospital les dice que se hacen cargo del entierro y que llevan al niño al cementerio de San José de la Línea. Pero años después, cuando mi madre fallece y pedimos que la entierren junto a mi hermano nos enteramos de que el niño nunca ha estado enterrado allí. Nadie sabe nada". Pero las sorpresas de Flor no acaban en el cementerio. "Cuando mi madre estaba embarazada de mí siempre tuvo la sospecha de que estaba embarazada de dos niños porque tenía una tripa muy grande. Sin embargo cuando dio a luz, también mediante cesárea, solo nací yo, muy pequeñita, y los médicos le explicaron que es que 'tenía mucha porquería dentro'. Sin embargo, años después, viendo lo que podía haber ocurrido con mi hermano, consulto la ficha de mi nacimiento en el hospital y veo que en el apartado donde se especifica el sexo del bebé se señalan las dos opciones Hembra y Varón". ¿Tenía razón su madre cuando decía que estaba embarazada de gemelos? Me siento engañada, defraudada, una tonta por no haberme dado cuenta antes

María Labarga, de 42 años, siempre sospechó que no era hija de su supuesta madre. "Por los malos tratos que sufría, por la falta de instinto maternal que tenía hacia mí, y también porque no me parezco nada físicamente a ellos". Hasta que un día se decidió a preguntar, "y ella lo negó; pero al día siguiente recibí una llamada de su hermana en la que me insinuaba que yo podía estar en lo cierto". A María (a la que inscribieron como nacida en Tortosa, Tarragona) le cuesta hablar, se le quiebra la voz por la indignación, la rabia y la tristeza. "Mi vida es una mentira, todo es falso, no sé quién soy, dónde nací, qué pasó. En cuanto me puse a investigar me di cuenta de todo. Mi partida de nacimiento es falsa". Pero señala una pauta que ha visto repetirse entre los miembros de la asociación: hijos únicos de padres que supuestamente los tuvieron a partir de los 35 años.

María no mantiene contacto con la mujer que ella pensaba que era su madre (se niega a llamarla así); aunque recuerda con cariño a su padre, "que siempre se comportó conmigo como tal", y que falleció en 2001. "Él sí me hubiera contado". "Me siento engañada, defraudada, una tonta por no haberme dado cuenta antes. Desde pequeña me han lavado el cerebro. No sé quién soy, podría haber tenido otra vida. Ahora me he enterado que incluso me llevaron a otra madre que me rechazó y así acabé con la mujer con la que he estado", y prosigue muy afectada, "no puedo decir que soy adoptada, porque no ha habido adopción. A cada cosa hay que llamarla de su manera. Se trata de un secuestro, de una detención ilegal de un menor, y esos son delitos que nunca prescriben".

Una boda pospuesta

Estafanía Anguita tiene 24 años, es de Barcelona, y, en su caso, descubrir que su hermana gemela no está enterrada donde se supone que tenía que estar le ha hecho cambiar su vida y sus planes de boda. "Desde pequeña mis padres me habían dicho que había muerto, pero era un tema muy doloroso para ellos, así que nunca hablábamos de eso; pero se acercaba mi boda y mi ilusión siempre había sido ese día llevarle el ramo de novia a mi hermana, se lo pondría en su tumba. Así que comienzo a preguntar y veo que mis padres no saben en realidad nada de la niña y de dónde está enterrada. Me explican que el hospital (la antigua Alianza de Barcelona, actual Sagrado Corazón) se hizo cargo de todo. Empiezo a ver papeles y leo que en el hospital consta que la niña nació sana, que era la más grande de las dos, nació con 36 semanas (lo contrario de lo que me habían dicho a mí mis padres) y compruebo que hay muchos documentos sin firmar. Voy a levantar esa fosa común me cueste lo que me cueste

En el servicio funerario, tras mucho preguntar y tras pagar las tasas para que me trajeran el expediente de mi hermana, me dicen que no le dé más vueltas, que está enterrada allí en una fosa común, sin caja ni nada, a nombre de mi madre, con un desarrollo de 35 semanas, osea la que se supone que soy yo". La idea de que su hermana supuestamente descansa en una fosa común, sin nombre, le quita el sueño y pospone sus planes de boda. "Además descubrir que en realidad estaba sana, cuando a mis padres siempre le habían dicho que de haber vivido hubiera sido retrasada... el asunto se me está yendo de las manos." Su familia y su novio la apoyan y su determinación y su petición es clara. "Voy a levantar esa fosa común me cueste lo que me cueste. Que se hagan pruebas de ADN, que se destape la mentira. Piensa en la cantidad de nichos vacíos que se están abriendo, de cajas infantiles rellenas de trapos".

Si las previsiones del abogado de la asociación, Enrique Vila, son ciertas, se estaría hablando de 300.000 niños robados en España. El Fiscal General del Estado ha prometido darles una respuesta en un mes.