El Consejo de Gobierno ha aprobado este miércoles un Decreto presentado por la Agencia de Salud Ambiental y Consumo, dependiente de la Consejería de Salud y Servicios Sanitarios, por el que se regula las condiciones higiénico-sanitarias de los establecimientos en los que se desarrollen prácticas de tatuaje, micropigmentación, perforación cutánea y otras técnicas similares de decoración corporal.

La nueva regulación también pretende garantizar la formación adecuada de las personas que aplican estas técnicas para prevenir posibles daños para la salud tanto de las los clientes como del propio personal de los centros que se encarga de aplicar estas técnicas.

Esta nueva norma, contempla expresamente las prácticas de tatuaje, perforaciones de orejas y otras análogas, y establece un conjunto de previsiones sobre las características de los instrumentos que atraviesan la piel y el manejo y la limpieza de utensilios que es necesario mejorar.

Pero también resulta necesario regular otros aspectos, como son las condiciones de los locales en los que se ejerce la actividad y los requisitos exigidos al personal encargado de realzar estos trabajos, y exige que, antes de la aplicación de estas prácticas, se informe correctamente a los usuarios acerca de todo lo que se les va a hacer y los cuidados posteriores que estas prácticas conllevan.

El Gobierno de Asturias entiende que resulta necesario regular esta actividad por tratarse de prácticas que cada vez son más frecuentes y por su volumen se entiende que es preciso adoptar medidas sanitarias que incrementen la protección de la salud de los usuarios de los establecimientos donde se efectúan e, igualmente, del propio personal que aplica dichas técnicas.

Las enfermedades transmisibles por vía sanguínea son una permanente preocupación de las autoridades sanitarias y de la población en general. Entre estas enfermedades se encuentran las producidas por el virus de la inmunodeficiencia humana (VIH) y los virus de la hepatitis, como la hepatitis B (VHB) y la hepatitis C (VHC).

Las prácticas que implican perforación de piel o mucosas presentan riesgos de transmisión de estas enfermedades por contacto con sangre, y es preciso minimizar este riesgo como medio para prevenir posibles daños para la salud de los usuarios y de los profesionales que trabajan en estos centros.

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