Alex de la Iglesia
Alex de la Iglesia posa con su León de Oro en el 67 Festival Internacional de Cine de Venecia. EFE

 

Pero vamos con lo que nos importa: Álex de la Iglesia. El presidente de la Academia del cine ha sido el segundo gran triunfador de la jornada con su Balada triste de trompeta. De la Iglesia no solo ha recogido el trofeo al mejor guión a los pocos minutos de iniciarse la gala si no que ha vuelto a subir al estrado para un segundo premio: león de plata al mejor director. Galardón merecidísimo este último para un realizador que ha sabido plasmar a lo largo de su carrera una personalidad única a sus trabajos, imprimiendo un sello que solo él puede dar.
Y su Balada triste vuelve a ser una muestra más de ello. Es una montaña rusa emocional donde el cineasta vuelve a los viejos tiempos y da rienda suelta al negrísimo humor que tanto le gusta y la violencia y los excesos en pantalla. No solo de premios ha vivido de la Iglesia estos días en Venecia, por que como él mismo ha reconocido, esta semana en el Lido ha sido "la mejor de mi vida".
Dejando el ombliguismo a un lado y haciendo honores al premio principal, Coppola vuelve a ponerse en el punto de mira de la cinematografía internacional con Somewhere. Después de la discreta acogida de Maria Antonieta, Somewhere es una vuelta a las historias que la directora sabe contar mejor: soledad, relaciones personales, saber disfrutar de las pequeñas cosas de la vida. Un león de oro merecido a una cinta que contento tanto al jurado ("era la película sobre la que siempre acababamos hablando", ha reconocido Tarantino) como a la prensa.
Un Tarantino que también ha dejado notar su mano en el León especial otorgado a Monte Hellman y su Road to nowhere (no olvidemos que Hellman fue el primero en dar una oportunidad a Tarantino con Reservoir dogs)

Ante la nada más absoluta que los festivales de Berlín y Cannes habían premiado en sus ediciones de este año, Venecia ha dado un golpe sobre la mesa. Lo ha dicho el propio Tarantino, traje negro y gafas de sol, como si estuviera en una de sus cintas, en la presentación de los premios: "Hemos tomado las decisiones teniendo en cuenta un solo aspecto: el cine". Y así ha sido. Salvo alguna que otra decisión controvertida, el palmarés de la 67ª edición de la Mostra ha reflejado con acierto lo mejor que ha pasado estos días por el Lido y ha ensalzado a Sofia Coppola y su Somewhere como mejor cinta del certamen.

Junto a Sofia Coppola, de la Iglesia ha sido el gran triunfador de la noche: mejor guión y direcciónPero vamos con lo que nos importa: Álex de la Iglesia. El presidente de la Academia del cine ha sido el segundo gran triunfador de la jornada con su Balada triste de trompeta. De la Iglesia no solo ha recogido el trofeo al mejor guión a los pocos minutos de iniciarse la gala si no que ha vuelto a subir al estrado para un segundo premio: león de plata al mejor director. Galardón merecidísimo este último para un realizador que ha sabido plasmar a lo largo de su carrera una personalidad única a sus trabajos, imprimiendo un sello que solo él puede dar.

Y su Balada triste vuelve a ser una muestra más de ello. Es una montaña rusa emocional donde el cineasta vuelve a los viejos tiempos y da rienda suelta al negrísimo humor que tanto le gusta y la violencia y los excesos en pantalla. No solo de premios ha vivido de la Iglesia estos días en Venecia, por que como él mismo ha reconocido: "Esta semana en el Lido ha sido la mejor de mi vida".

Reconocimiento merecido

Dejando el ombliguismo a un lado y haciendo honores al premio principal, Coppola vuelve a ponerse en el punto de mira de la cinematografía internacional con Somewhere. Después de la discreta acogida de María Antonieta, Somewhere es una vuelta a las historias que la directora sabe contar mejor: soledad, relaciones personales, saber disfrutar de las pequeñas cosas de la vida. Un león de oro merecido a una cinta que contentó tanto al jurado ("era la película sobre la que siempre acababamos hablando", ha reconocido Tarantino) como a la prensa.

Un Tarantino que también ha dejado notar su mano en el León especial otorgado a Monte Hellman y su Road to nowhere (no olvidemos que Hellman fue el primero en dar una oportunidad a Tarantino con Reservoir dogs) y en el Gran premio especial del jurado, que ha ido a parar a manos de Jerzy Skolimowsky y su Essential Killing, cinta que narra la huida de un preso talibán que consigue fugarse de su traslado a una cárcel secreta estadounidense.

Coppa Volpi con polémica

Los galardones a los mejores actores han llegado con cierta polémica. El masculino, y volvemos a Essential killing, ha sido para Vincent Gallo. Una actuación convincente y en la que el intérprete no dice ni una sola palabra en todo el metraje. Para algunos críticos no era motivo suficiente para un reconocimiento de este calibre; otros periodistas opinaron diferente al salir de la proyección.

Peor ha sido premiar a Ariane Labed, por Attenberg. La de Labed es una de esas interpretaciones pétreas que solo los jurados de los festivales deben saber descrifrar, porque entre los mortales que asistieron a las proyecciones de Attenberg no vimos un solo atisbo de interpretación en los rasgos de la francohelena.

Entre los premios menores, Mila Kunis se ha llevado el reconocimiento a la mejor actriz emergente por su trabajo en Black swan, junto a Natalie Portman. Silent Souls ha cerrado la entrega con el premio a la contribución técnica. Un galardón para una película que narra el viaje de dos hombres por las llanuras rusas, cargando con el cadáver de la mujer de uno de ellos, dispuestos a incinerarla, en un viejo ritual local.