La Comisión de Ordenación del Territorio y Medio Ambiente de Canarias (COTMAC) ha aprobado el Plan del Paisaje Protegido de La Geria, en Lanzarote, lo que "supone la armonización del aprovechamiento agrario tradicional y la conservación de los recursos naturales de este espacio natural", según el consejero regional de Medio Ambiente y Ordenación Territorial, Domingo Berriel.

En su opinión, dicho espacio, que ocupa una superficie de 5.255,4 hectáreas en la citada isla, representa un paisaje rural de "gran belleza y tiene un importante valor cultural, etnográfico y agrícola".

El beneplácito a este documento supone que 132 áreas, de las 146 que conforman la Red Canaria de Espacios Naturales, incluyendo los cuatro Parques Nacionales, cuentan con los planes de protección aprobados de forma definitiva.

Este hecho, apunta Domingo Berriel en un comunicado, responde al compromiso del Gobierno de Canarias de contar en esta legislatura con las normas precisas para garantizar la salvaguarda de los espacios naturales canarios, que en su conjunto constituyen aproximadamente el 42 por ciento de la superficie del archipiélago.

En lagos de lava

En el Paisaje Protegido de La Geria, que abarca los municipios de Yaiza, Tías, Tinajo, San Bartolomé y Teguise, se desarrolla un sistema particular de cultivos de viñas y frutales y alberga elementos singulares de interés geomorfológico y geológico, como conos, lagos de lava o cuevas.

Entre estas últimas, destaca la de los Naturalistas, que discurre bajo sus lavas, es una estructura geomorfológica representativa de la geología insular de gran valor estético y bien conservada.

Este espacio de notoria belleza, donde el hombre y la naturaleza coexisten de forma armónica, fue declarado por la Ley 12/1987 y reclasificado por la Ley 12/1994, de Espacios Naturales de Canarias como Paisaje Protegido, siendo más tarde declarado Zona Especial de Protección para las Aves (ZEPA) de la Red Natura 2000 de la Unión Europea. Además, al encontrarse en su interior la Cueva de los Naturalistas, tiene un área declarada de Sensibilidad Ecológica.

El Paisaje Protegido de La Geria está situado entre alineamientos de conos volcánicos de variable antigüedad, rodeados por los volcanes históricos y sus materiales lávicos. Esta proximidad creó en el siglo XVIII una particular morfología, al quedar todo el territorio cubierto con una capa de 'lapilli' (denominado picón o rofe), procedentes de la lluvia piroclástica.

La Geria se caracteriza por los suelos minerales escasamente alterados y, sobre todo, por su ocupación de forma extensiva para el desarrollo de la actividad agrícola vitícola. La plantación de vides se realiza en huecos practicados en el rofe o picón negro, complementados con muros de piedra volcánica seca, normalmente en forma de curva, para la protección del viento.

El consejero de Medio Ambiente y Ordenación Territorial destaca que esta forma de ocupación "constituye el valor más apreciado del Paisaje Protegido de La Geria, que ha merecido el reconocimiento por la forma de explotación compatible con la conservación de los valores naturales del área, y justifica su declaración como Paisaje Protegido".

Proteger el paisaje

Berriel subraya que "la finalidad del Plan Especial aprobado por la COTMAC es la protección del espectacular paisaje agrario tradicional, que conforma un paisaje rural de gran belleza y valor cultural, etnográfico y agrícola, albergando estructuras geomorfológicas representativas de la geología insular y elementos naturales que destacan por su rareza y singularidad, con un interés científico especial".

Añade el consejero que "esta obra humana de adaptación de los cultivos a las condiciones que introdujeron las erupciones volcánicas es la que justifica de hecho su protección, pues el agricultor lanzaroteño, ante la situación de tener sus antiguos suelos cubiertos por materiales inertes, ahondó en la superficie de rofe, excavando hoyos para plantar viñas y construyendo muros de piedra seca para protegerlas del alisio, impronta que convierte a La Geria en un paisaje único en el mundo".

El responsable autonómico hace hincapié en que la presencia del cultivo de la vid y la producción vinícola suponen, además, una oportunidad importante de actividad económica ligada a la conservación del paisaje.

AMENAZA

Igualmente, manifestó que "las actividades agrícolas propiciaron la aparición de edificaciones destinadas a las labores de elaboración y conservación del vino, construyéndose varias bodegas en la zona y edificaciones residenciales asociadas a los trabajadores, aunque de forma reciente se ha producido una proliferación de la actividad edificatoria, eminentemente residencial y desligada a la actividad agrícola, que constituye una seria amenaza para este enclave natural inigualable".

Según Domingo Berriel, "este espacio natural es el mejor ejemplo de un proceso continuo en el tiempo de transformación y explotación de sus recursos por el hombre, en el que en los dos últimos siglos los conejeros han ido configurando un paisaje rural y cultural de un extraordinario valor, en el que se ha producido una simbiosis entre hombre y naturaleza, ya que es la pervivencia de la agricultura tradicional que sostiene el territorio la garantía de la conservación de sus valores".

"La obligación de su conservación es la justificación de la aprobación del Plan Especial, cuyo fin es regular los usos del espacio, frenar los procesos erosivos del medio y compatibilizar sus aprovechamientos agrarios tradicionales con la conservación de los recursos naturales", sentenció.

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