Rosendo
Rosendo Mercado no quiere ni oír hablar de colgar la guitarra. Jorge París

Hay artistas que manejan el arte de parecer simpáticos, sinceros o agradables. Otros, como Rosendo, lo son sin necesidad de intentar aparentarlo.

Con el nuevo disco de Rosendo en la mano, lo primero que llama la atención es su formato...
Ha quedado muy bonito. Se me ocurrió hacer un guiño un poco naif a la Enciclopedia Álvarez, y el diseñador, Víctor Zapata, lo ha bordado.

A estas alturas, ¿le cuesta llegar el estribillo?
Siempre cuesta, al menos en mi caso. Pero sobre todo hace referencia al momento que vivo actualmente: vivo de la música, y siento que estoy viviendo en el estribillo de mi propia vida. Vivo relajado.

Vivo de la música, y siento que estoy viviendo en el estribillo de mi propia vida

El disco evoca los recuerdos adolescentes. ¿Cómo fue la adolescencia de Rosendo?
Llena de ilusión por tocar. Entonces, vivir de la música era un sueño. Conseguir una guitarra me costó muchos años. No había dinero y eso era un capricho del niño (risas). Al final, mi abuelo, del que heredé el nombre, me regaló una española con la que pude empezar a tocar.

¿Cómo entró en contacto con el rock and roll?
Cuando me hice un poco más mayor empecé a comprar discos que venían de fuera, a escuchar el programa de radio de Mariscal Romero... Me encantaba todo aquello: la estampa, las guitarras, los pelos...

Llevar melena en aquellos años no era como ahora...
¡No! Era algo completamente subversivo. En mi casa no lo entendían.

¿Hace cuánto que no se corta la melena?
Creo que no lo llevo corto desde que hice la mili (risas).

¿Cómo fue la mili de Rosendo?
Me pilló la Marcha Verde en El Aaiún, así que me comí un marrón cojonudo... Además, estaba empezando con Ñu y la cosa empezaba a funcionar. Imagínate: ¡Salimos en la tele y no lo pude ver!

¿Y a día de hoy? ¿Qué siente cuando se ve en los medios?
No me gusta mucho, la verdad.

¿Lleva mal la popularidad?
Es algo que forma parte de la profesión, pero reconozco que me incomoda. Incluso salgo poco de casa por eso, y más ahora que todo el mundo va con móviles con cámara...

Lo de Internet es un peligro: si me hubiera pillado más joven estaría enganchado

¿Qué tal se lleva Rosendo con las nuevas tecnologías?
Ando peleando... Me limito a manejar un poco el Pro Tools, que me facilita mucho el trabajo. Lo de Internet es un peligro: si me hubiera pillado más joven estaría completamente enganchado (risas). Pero lo tengo un poco abandonado, no hay más que ver mi web. Me cuesta.

¿Alguna vez se le ha pasado por la cabeza retirarse?
No. De hecho, el día en que deje esto no sé qué va a ser de mí. Esto es lo único que sé hacer. Sin rock and roll, me moriría de pena.

¿Le enorgullece tener una calle con su nombre en Leganés?
Bueno... No especialmente. Esas cosas no se hacen por votación popular, sino más bien por promoción. Creo que fue porque, como le pusieron una a ACDC, los de la compañía debieron decir: "Oye, habrá que ponerle una a alguno de aquí, ¿no?". Y debe ser que me tocó por antigüedad (risas). Algo así. En todo caso, aunque siempre digo que esas cosas no van conmigo, no deja de ser un reconocimiento a 40 años de curro. Y se agradece.

Tras tantos años, ¿sigue conservando la emoción al pisar el escenario?
Totalmente. Diez minutos antes de salir a tocar me cago por la patilla. Hasta que no pego un par de guitarrazos y veo que todo va bien, no me tranquilizo. Y me pasa lo mismo con las entrevistas: me pongo nervioso. Quiero pensar que es algo bueno.

¿Los grupos de rock actuales han perdido parte de la esencia peleona de antaño?
Tampoco ha cambiado tanto la cosa. Hay que pelear igual. Al final, estamos en las mismas: manda el dinero y los cuatro mangantes de siempre. Es verdad que cuando empecé a tocar todavía estaba el 'abuelo' por ahí, pero ahora sigue habiendo falta de libertad, no tanto para decir las cosas, pero sí para desarrollarlas. Sigue siendo difícil apostar por cosas diferentes: se va siempre a lo seguro. Hacer algo que no es lo que vende nunca ha sido fácil.

Mi empeño siempre ha sido que haya buen rollo. Si puedo evitar un mal gesto, lo evito

Rosendo Mercado es un tipo que cae bien a la gente. Tiene mérito...
Bueno. Mi empeño siempre ha sido que haya buen rollo con la gente. Si puedo evitar un mal gesto, lo evito. El enfrentamiento constante no lleva a ninguna parte.

¿El secreto es no meterse demasiado en temas espinososcomo la política?
Sí, por ahí me escaqueo lo que puedo... Tengo mi opinión, me considero de izquierdas porque me he criado en un barrio obrero y soy hijo de zapatero, pero la política no es lo mío: es un terreno bastante infame y lleno de demagogia en el que se trata de llevar al huerto a todo el mundo, tanto la izquierda como la derecha. Yo no voy con ningún partido.

Pero sí piensa que los artistas deben mojarse...
Sí, pero ahí (señala el disco), a la hora de hacer tu trabajo o a la hora de comportarse. Creo que eso es lo más sano y lo más real.

¿Y en cuanto a la SGAE y las recientes polémicas?
Siempre lo he dicho: soy socio de la SGAE y es el único estamento que defiende mis derechos. Me siento protegido por ellos. Hay poca información y muy mala leche. Parece que la SGAE sea el demonio, y no lo es. Eso no quita para que a veces hayan hecho cosas que me parecen infames.