Conchita, chihuahua millonaria
Conchita, la chihuahua millonaria, junto con su dueña, Gail Posner. The Daily Beast

Que hay gente que aprecia más a su mascota que a su familia no es ninguna novedad. Hay gestos que valen por mil palabras, y carantoñas y picos en la boca que pocos darían al abuelo octogenario o a la querida suegra, pero que dispensan sin comedimiento a sus queridos animalitos.

Lo que todavía llama la atención, y mucho, es que la pasión por el caniche que aguanta los soliloquios (o la antipatía que se siente hacia los parientes) llegue hasta el extremo de que su dueño los convierta en el principal destinatario de una herencia millonaria.

El último de estos excéntricos casos lo protagoniza Conchita, una chihuahua que acaba de heredar una mansión valorada en 8,3 millones de dólares en Miami Beach y un fondo de 3 millones de dólares de su generosa dueña, Gail Posner. Posner, que ya cuando vivía llamó la atención de los medios de comunicación por los regalos escandalosamente caros que le hacía a su mascota (collares de diamantes, abriguitos de piel, etc...) planeaba comprarle a Conchita un Range Rover a medida. Un cáncer mortal puso fin a su absurdo dispendio el pasado marzo.

Desde entonces el destino de su herencia había estado en entredicho ya que su único hijo, Bret Carr, quiso revocar el testamento alegando que su madre, que sabía que estaba muriéndose de cáncer, tenía serios problemas con las drogas y sufría de un trastorno bipolar, según recoge The New York Post.

Curiosamente el artífice de todo, el hombre que generó el dinero que ahora ha heredado el chihuaha, Victor Posner, padre de la singular Gail, fallecido en 2002, era un conocido hombre de negocios, famoso por sus agresivas políticas financieras, que fue acusado de evasión fiscal y que probablemente hubiera puesto el grito en el cielo al ver quién se iba a beneficiar de una riqueza que tanta ingeniería financiera le costó.

Mascotas millonarias

El caso de Conchita no es excepcional. Como recuerda Thedailybeast, la lista de canes millonarios es larga. El caso más sonado es el de Trouble, un perro maltés casi tan antipático como su dueña, Leona Helmsley, conocida como 'La reina del mal', o de la 'mezquindad', según algunas traducciones. Helmsley, dueña y gestora de hoteles y emblemáticos edificios, 'olvidó'  incluir en su testamento a dos de sus cuatro nietos, pero no pestañeó al dejarle 12 millones de dólares a su problemático Trouble, cuyas mordeduras todavía recuerdan algunos de sus conocidos. Posteriormente un juez ordenó incluir a sus dos nietos en el testamento y redujo la herencia de Trouble a dos millones de dólares.

Majel Barrett Roddenberry, viuda del creador de Star Trek, no se olvidó de dejarle 100 millones de dólares a su hijo, pero tampoco quiso dejar sin nada a sus perros, por eso se aseguró de su futuro dejándoles 4 millones de dólares, una mansión y varios cuidadores contratados.

Los 150 perros de Eleanor Ritchey no tenían ningún pedigrí, eran perros callejeros que esta rica heredera del sector del petróleo se encargó de mimar en su lujosa mansión. A su muerte dejo escrito que ellos debían heredar parte de un fondo de 12 millones de dólares, más acciones de Quaker Oil. Además reservó 4,2 millones de dólares para su cuidado hasta que muriera el último ejemplar.

Aunque el caso más surrealista de todos es el protagonizado por un imponente pastor alemán, Gunther IV, en cuyo nombre una sociedad poco transparente gestiona un patrimonio de 65 millones de dólares, legado por la condesa germana Karlotta Liebenstein a su padre, el también pastor alemán Gunther III. Entre las compras más llamativas realizadas en nombre de Gunther: la mansión de ocho habitaciones que Madonna tenía en Miami, y que desde julio de 2000 se supone que disfrutan el perro y sus cuidadores.

Pero aunque el perro es el mejor amigo del hombre, tampoco reciben poco cariño los gatos, los orangutanes e incluso las tortugas. Thedailymail recuerda el caso de Christina Foyle, dueña de la célebre librería londinense Foyles, que dejó parte su fortuna a su colección de gatos y a sus dos tortugas, a las que pagó cuidadores y caseros de por vida. O el caso de O Patricia O'Neill, hija de la duquesa de Kenmore, que aprovechó un largo viaje de su marido, el campeón australiano de natación Frank O'Neill, para ceder algo más de 38 millones de dólares a su querido chimpancé Kulu, al que había rescatado años atrás de una situación traumática en el Zaire.

En España, donde las relaciones con los animales son algo menos efusivas, destaca el caso de una millonaria fallecida en 2008 que legó 9 millones de euros a distintas sociedades protectoras de la naturaleza. Los linces de Doñana y los borricos de Córdoba son algunos de sus beneficiarios.