En el caso de Alicante, si la escena tuviera lugar en su propia estación de autobuses, la película bien podría estar en la categoría de terror. Además de aspectos a mejorar, como la limpieza y conservación en general, los servicios que ofrece dejan mucho que desear: escasez de asientos y zonas cubiertas para esperar; déficit en la señalización de dependencias y servicios; dificultades para aparcar allí mismo y en las inmediaciones; etc.

La información sobre horarios de salidas y llegadas carece de un panel central informativo, independientemente de la información facilitada por cada compañía. Es demasiado pequeña para el volumen de autobuses que circulan diariamente, teniendo en cuenta que posee líneas de viajes regulares con la provincia, con toda España y con el resto de Europa.

Parece increíble que una ciudad que se jacta de ser turística y capital de provincia tenga una estación así.