Según informó el Instituto Armado en una nota, todo se inició cuando una pareja de guardias civiles del Seprona de la patrulla de Morón de la Frontera observó cómo, en el arroyo de Santiesteban, cercano a Morón, se había realizado un vertido, ya que el tipo de espuma que aparecía en el agua delataba el hecho.

Los guardias realizaron una inspección minuciosa del arroyo al tener sospechas de que podía existir un vertido oculto de una empresa dedicada a la aceituna, localizando entre unas rocas la salida del vertido a través de una tubería. Así, continuaron realizando pesquisas y descubrieron el motor que bombeaba, por una tubería subterránea, los residuos desde una balsa hasta el arroyo.

Tras tomar varias muestras de los vertidos, se procedió a detener al presidente de la empresa por un supuesto delito contra el medio ambiente. Tres horas más tarde, un intenso olor a 'purines' alertó a los agentes de la posibilidad de un vertido en el arroyo San Cristóbal, por lo que se inspeccionó el cauce del mismo. A dos kilómetros del lugar donde se detectó el fuerte olor, los agentes llegaron a una explotación de cerdos.

Los guardias civiles, al llegar a la explotación con las primeras luces del día, se encontraron con un sistema de bombeo de gran potencia instalado en una gran balsa de acumulación de 'purines', a la que se había ensamblado una tubería de 150 metros por la que se estaba vertiendo un caudal de enorme intensidad de 'purines' al arroyo San Cristóbal, que desemboca en el Arroyo La Peste, afluente del río Guadaíra.

Por estos motivos y tras la ejecución de los protocolos pertinentes, se detuvo también al responsable de la explotación ganadera por un presunto delito contra los recursos naturales y el medio ambiente.

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