Dos atentados de alto perfil en los últimos dos meses han incrementado la presión sobre una policía y un ejército aún en desarrollo, que están asumiendo la seguridad de las tropas estadounidenses mientras Washington reduce sus efectivos antes de una eventual retirada en 2011.

El portavoz de seguridad de Bagdad, el general Qasim al Musaui, dijo que las tropas iraquíes habían detenido a once oficiales militares y de policía de alto rango, 50 policías y a todos los agentes que estaban a cargo de 15 puestos de control cerca de donde se produjeron los atentados el domingo.

Los hombres serán investigados para ver si tenían alguna implicación en los atentados o si habían cometido fallos en sus labores.

Musaui dijo que los agentes, soldados de a pie y policías que estén en zonas donde ocurran atentados serán arrestados en el futuro y puestos bajo investigación.

'El comité investigador decidió arrestar a los responsables de los puestos de seguridad si ocurren violaciones de seguridad (en su área) en el futuro', dijo.

Irak arresta con frecuencia a miembros de las fuerzas policiales y del ejército después de atentados importantes, pero no era una política oficial hasta ahora.

Extremistas suicidas relacionados con Al Qaeda atacaron dos edificios gubernamentales en Bagdad el domingo, lo que generó un clamor popular contra las fuerzas de seguridad.

Un atentado anterior el 19 de agosto contra los ministerios de Finanzas y Exteriores mató a casi 100 personas y llevó a una inusual admisión de culpabilidad de las fuerzas de seguridad.

El país de aproximadamente 30 millones de habitantes está intentando recuperar una economía moribunda tras años de guerra, negligencia y sanciones. Aunque la violencia ha decrecido en Irak en los últimos dos años, los atentados son aún comunes.