El plan Bolonia acelera en medio del despiste  generalizado de los estudiantes

Estudiantes universitarios durante un examen.
Estudiantes universitarios durante un examen.
REUTERS

Alejandro Hernández, de 18 años, comienza la universidad tras estudiar el bachillerato tecnológico y sacar buena nota en la selectividad. Se ha decidido finalmente, tras pensarlo mucho, por el grado en ingeniería de sistemas audiovisuales. El Plan Bolonia le ha pillado de pleno y le ha trastocado los planes.

"Mi idea era hacer la ingeniería técnica en telecomunicaciones (…) y después empezar con Comunicación Audiovisual, porque haces una carrera de tres años, sales con un título bastante decente, un ingeniero técnico, y entonces aún estaba con la posibilidad de hacer otra carrera", dijo el joven en una entrevista reciente con Reuters.

Sin embargo, la diplomatura de tres años se convierte en un grado de cuatro y complica la idea inicial de realizar otros estudios, comentó. La Declaración de Bolonia estipuló en 1999 que el nuevo modelo tiene que estar implantado en 2010 en los 50 países que integran el Espacio Europeo de Educación Superior (EEES), pero ha sido el último año cuando dirigentes, universidades y alumnos se han percatado de que se les venía encima el cambio.

Bolonia da más libertad a las universidades para ofertar carreras y cambia la manera de estudiar, con un enfoque mucho más práctico al que añade otras habilidades además del conocimiento, como el trabajo en equipo, la iniciativa, la oratoria o los idiomas, además de reforzar la movilidad de los estudiantes, algo que ya había empezado en Europa con el programa de becas Erasmus.

Aunque algunas universidades ya llevan tiempo con la adaptación a las nuevas titulaciones, este cambio de rumbo ha pillado desprevenidos a los estudiantes, que se sitúan entre la falta de información y la comodidad o el desinterés, pero que en la práctica no entienden muy bien el cambio.

"Hasta prácticamente hace un par de meses estaba dudando entre qué estudiar y qué no estudiar porque con Bolonia, como tampoco se sabía muy bien cuáles (carreras) iban a desaparecer, cuáles se iban a mantener, qué se iba a poder coger,(...) no sabía muy bien que hacer", dice Alejandro Fernández, nuevo estudiante de psicología.

Títulos variopintos

Lejos de desaparecer títulos, como temían algunos estudiantes, Bolonia da entrada a nuevos estudios, que hasta 2016 convivirán con los antiguos. El catálogo de la EEES se expande y se especializa. Así, se pueden ver grados en Ciencias de la Danza, de la Culturas, Paisajismo, Musicología o Filología Bíblica Trilingüe en la rama de Arte y Humanidades; o Ciencia y Tecnología de los Alimentos, Ingeniería Biomédica o Grado en Láseres y Aplicaciones en Química en la rama de Ciencias e Ingeniería.

"Antes, el Ministerio de Educación ofrecía un catálogo de títulos oficiales y era lo único que podíamos hacer las universidades, impartir esos títulos", dijo a Reuters Águeda Benito, rectora de la privada Universidad Europea de Madrid (UEM), que cuenta con 12.000 alumnos.

En el curso 2009, se autorizaron 163 nuevos grados en 33 universidades, las que primero se lanzaron a una adaptación que a partir de 2010 será obligatoria en las 77 universidades españolas (50 públicas), en las que el curso pasado estudiaron 1,4 millones de alumnos.

"Lo que (el Plan Bolonia) ha supuesto es un escenario de grandes oportunidades, tenemos la oportunidad de decidir qué titulaciones queremos poner en marcha. Y ofrecer a la sociedad cosas más interesantes", aseguró Benito.

El número de alumnos ha aumentado este nuevo curso, un cambio de tendencia que auspicia un buen comienzo para el nuevo modelo tras una década de descenso de estudiantes de hasta un 11,8 por ciento - provocado por el descenso poblacional en los tramos de edad de entre 18 y 24 años -, según datos del Ministerio de Educación.

La 'carta blanca' de contenidos para las universidades ha generado, por otro lado, una gran confusión entre los estudiantes, que pensaban que Bolonia lo que buscaba era precisamente unificar la educación superior en Europa.

"Si cada universidad puede crear sus propias carreras, el programa de estudios que quiere... eso contrasta un poco con esa idea que buscaban de unificar con Europa y favorecer la homogeneidad", manifestó Alejandro Hernández.

Métrica del esfuerzo

No obstante, más que los contenidos, una de las principales novedades de Bolonia es que por primera vez se busca una métrica común del esfuerzo."Antes se hablaba de créditos como horas lectivas, pero no del esfuerzo que ha costado una determinada asignatura", dijo Isabel Gutiérrez, vicerrectora de la Universidad Carlos III de Madrid (UC3M), a Reuters en una entrevista.

Con el nuevo Sistema de Transferencia de Créditos Europeos (ECTS, por sus siglas en inglés), un crédito equivale a entre 25 ó 30 horas de trabajo, en lugar de las 10 horas lectivas que medían los anteriores, y permite saber con certeza el esfuerzo invertido por un estudiante en cualquier país de Europa.

La pretendida homologación se consigue, por tanto, mediante el baremo común del trabajo y con la formación básica (60 créditos o 1.500 horas de trabajo) que todas las universidades europeas están obligadas a adoptar.

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