Concierto de Pereza en Buenos Aires
Pereza, durante el concierto de Buenos Aires. SONY MUSIC

Pudo haber sido y no fue, que Rubén y Leiva crecieran juntos en San Telmo o en Boca, dando patadas a una pelota o agarrando una guitarra a los 13 años imitando a sus adorados Rolling Stones. Pudieron haberse dejado (más) melena e ir a comprar discos a Miles, gastándose los últimos pesos del mes. Pudo haber sido y no fue, aunque el dúo Pereza quiso haber nacido alguna vez en Buenos Aires, la ciudad que ahora les hace tilín, la que han elegido de forma extraordinaria para comenzar la gira de Aviones (Sony Music), su último disco en la calle.

Viaje de "ensayo general"

<p>Concierto de Pereza en Buenos Aires - 300</p>El pasado viernes ofrecieron un concierto -un "ensayo general" de una hora escasa- en Corrientes, la Gran Vía de allá. Llenaron el Teatro Metropolitan con 500 personas entregadas y sabedoras de que su grupo favorito es una rareza en ese lado del charco. Porque en Argentina pocos conocen aún a una banda que ha llenado Las Ventas y otros grandes. Los fans, organizados por Internet y con ramificaciones en Chile o Colombia, apenas han podido adquirir hasta ahora dos LP’s, Animales y Aproximaciones. Los ecos de Superjunkies y Grupies les llegaron "por amigos, desde España".

Este último viaje de Pereza a la capital bonaerense ha durado cuatro días. Ya en el aeropuerto de Barajas, acompañados de sus músicos, su manager y representantes de la discográfica y algunos medios, apenas disimulaban la ilusión de volver a poner un pie cerquita del Obelisco y revivir de nuevo sus comienzos musicales. "Yo repartía el 20 minutos en furgoneta hace como diez años", confesaba parcamente Rubén poco antes del embarque. Han querido recuperar una parte de ese anonimato, de cuando no tenían nada y se alimentaban de "incertidumbre".

Salieron, como tantos otros, del barrio de la Alameda de Osuna, en el que "o tenías un grupo o llevabas una funda de guitarra para comprar el pan, esa es la leyenda", recuerda Leiva. Ha pasado tiempo desde aquello, y hoy, orgullosos de "seguir la estela de los que le cantaban a Madrid", tienen un único miedo en el cuerpo, el de aburguesarse. Por eso han cogido sus bártulos y se han plantado en Latinoamérica -ya hicieron una gira anterior, plasmada en Baires- sin pretensiones de ningún tipo y para emocionarse "con las cosas pequeñas".

Una Quilmes en Palermo

<p>Concierto de Pereza en Buenos Aires - 300</p>"Si vienes aquí para vender discos o ganar dinero es que no te enteras de nada", apostilla el músico. La estancia ha sido corta y agotadora. Han podido ver a algunos "colegas" del alma, como Ratones Paranoicos o el casi residente Quique González, y pasear por Palermo -"tomar una Quilmes al sol allí es vital"- acabando las noches eternas en el salón Pueyrredón -"es como el Siroco, un sitio de rock en el que desafortunadamente acabamos siempre"- o en Thames 878, un bar estilo neoyorquino con reservado y casi contraseña en la puerta de entrada.

También hubo tiempo para la obligada promoción -nada de prensa local, por cierto-, exigua para unos y demasiado acaparadora para otros. Cosas de la profesión. Lo de dormir se hizo indispensable pero imposible, y el disfrute quedó concentrado en unas pocas horas. El clímax de la visita, es unánime, tuvo lugar durante el mentado show. Cuando Leiva bajó de un salto a la platea y fue engullido, literalmente, por los allí congregados, muchos de ellos adolescentes ansiosos. Rubén, en segundo plano, le dejaba hacer esbozando su característica media sonrisa.

Los gritos y las banderas del país querían imponerse a las canciones y a las guitarras y, por un momento, los siete músicos sobre el escenario -ellos dos más un bajista, un batería, un percusionista, el teclista y el saxofonista, este último su antiguo compañero de andanzas Tuli- se sintieron como los primos lejanos de los Beatles. Aproximación y Estrella Polar fueron los temas más coreados, cómo no. Salvo un olvido de cejilla y algún micro descompensado, sonaron bastante bien; el ambiente y las ganas fueron los encargados de poner al respetable en pie varias veces.

Con Sabina, en la Bombonera

<p>Pereza en Buenos Aires - 300</p>Todo tiene una explicación. En Buenos Aires se vuelven "locos" con el rock, nenes y nenas. Desde siempre. En las butacas se emocionaron los perezosos -seguidores máximos- Camila, Ana y Rodrigo, un altísimo cargo de Sony y hasta representantes de la oficina de turismo de la ciudad, co-responsables de la situación . "Qué lindos que son", se oía a ratos. La euforia se completó a la salida con fotos en la calle y autógrafos a dos manos. Es sólo una muestra de lo que ocurrirá cuando regresen y toquen, por ejemplo, junto a Joaquín Sabina en el mítico estadio de La Bombonera.

La cita será en enero, y según Paco, el manager, promete resultar "apoteósica". Pereza ofrecerá unos 30 conciertos en España hasta diciembre. Después, "otros 20 hasta el verano, y siempre que se pueda en teatros o auditorios", dicen. Van a hacer como Dylan, coger las maletas y viajar un año para luego desaparecer. También harán saltos, cada uno o dos meses, para tocar en Argentina y quizá en territorio colindante. "Toca año de currar". Lo de coincidir con Calamaro, que ha colaborado en el disco con Amelie, va a ser más complicado; "Es que Andrés es una estrella", confiesa Leiva.

Queda poco para volver a casa y sólo hay espacio en la cabeza para pensar en el largo viaje de avión que se presenta por delante. Y en la movida semana que le espera a toda la troupe, ya que el próximo viernes, 2 de octubre, tienen actuación en Úbeda. Después, en Pamplona, Zaragoza, Valladolid, etc. En una sala VIP de otro aeropuerto, esta vez el de Ezeiza, Rubén y Leiva "matan el tiempo" rasgando la guitarra y hablando de la genialidad del desaparecido Antonio Vega. Mañana volverán a empezar de cero.

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