Amparo Larrañaga: "Todo se hace y se plantea para la gente joven"

  • La actriz ha vuelto al teatro con 'Ser o no ser' un clásico que trata los avatares de una compañía teatral durante la invasión nazi de Polonia.
  • Asegura que regresa a los escenarios "nerviosa" y en una época en la que "todo parece hecho para los jóvenes".
Amparo Larrañaga en 'Ser o no ser'.
Amparo Larrañaga en 'Ser o no ser'.
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Mir, Hospital Central... La televisión ha "absorbido" sus últimos años, pero Amparo Larrañaga vuelve ahora con "muchos nervios"  al teatro con Ser o no ser, un clásico de Lubitsch que trata los avatares de una compañía teatral durante la invasión nazi de Polonia. Dos actores muy televisivos, José Luis Gil y Diego Martín (el señor Cuesta y Carlos de Aquí no hay quien viva), la acompañan en su periplo, que comienza en el madrileño Teatro Alcázar.

¿Vuelve al teatro nerviosa?

Sí, nerviosa por volver al escenario pero volver con un proyecto complicado, con muchas complicaciones técnicas, aunque siempre que hago una obra de teatro estoy nerviosa por el directo, pero es un miedo positivo, no es un miedo que te paraliza, me ayuda a hacerlo muchísimo mejor.

¿Le impone el público?

Me impone, lo quiero… es una relación de amor-odio. Por el miedo que te produce saber que están ahí mirándote, sabiendo que tienes que estar a la altura de sus expectativas, porque el público que va al teatro va con ganas. No hablo del público profesional, que es el público que más temes. Y piensas, “ay, dios mío, ya están. Ya oigo afilar los cuchillos”. Yo hablo del público normal, que se traslada desde sus casas y pagan una butaca. Ese es el público que adoro, que temo y que no quiero defraudar.

¿Qué es lo que más le atrae de este proyecto?

En las últimas obras que había hecho tenía personajes muy duros: un premio Pulitzer que se especializa en abusos infantiles, una alcohólica, una mujer maltratada, eran personajes de una intensidad dramática tan grande que no me apetecía volver a sufrir. Cuando me lo ofrecieron el papel en esta comedia de Lubitsch, dije yo quiero estar en este invento. Es un papel bonito, no tiene un peso en la obra excepcional pero era el personaje que yo quería hacer: una mujer femenina, llena de luz y una actriz en los años 40, que a mí me recuerda mucho a mi abuela María Fernanda Ladrón de Guevara. Me pareció que era un proyecto que una actriz querría para su vuelta. Y no me he equivocado nada.

¿En qué sentido le recuerda a su abuela, el personaje de María Tura?

Que era muy dulce y muy divertida, y una primerísima actriz de los años cuarenta, famosa sólo por ser actriz de teatro, salía en los periódicos, en las revistas, en cualquier lado se veía su foto. Decía mi tía Amparo Rivelles que tenía la suerte de ser su memoria. Cuando hicieron la malquerida les llevaban en hombros desde el teatro hasta su casa. Mi abuela tenía un vagón de tren sólo para ella, que iba dejando en las vías muertas según iba viajando con su compañía de teatro. Todo lo que veo en Ser o no ser me parece una referencia a mi abuela. Aunque ya no quede constancia de ella, salvo de la gente que vivió aquella época y la de su familia.

¿Es una responsabilidad interpretar a Lubitsh?

Sí, por su puesto. Creo que es una obra de arte que le salió sin querer, y aunque en su época no fue un éxito de taquilla, se ha convertido en una de las mejores películas de la historia del cine. Lubitsch hizo con su película un homenaje muy bonito al teatro y nosotros hacemos en el teatro un homenaje muy especial al cine, con proyecciones, todo un homenaje.

Además interpreta a una actriz que termina convertida en heroína.

Sí, esa manera de contar con el humor mordaz habla de valentía de un grupo de actores que, sin comerlo ni beberlo, se encuentran metidos en la trama de la resistencia y cómo toman la decisión de interpretar el papel más peligroso de su vida. Y al final terminan siendo héroes.

¿Echa de menos el cine?

Hacer cine me da igual. Me han llamado para hacer buenas películas y las he hecho, pero no para hacer cualquier cosa. He echado de menos el teatro mientras hacía televisión todo este tiempo, pero el cine no.

¿Es posible que en el teatro se valore más a la actriz que ha pasado de los 40 que en el cine o la televisión?

Absolutamente, por su puesto (suspira). Es así.

¿Y cree que el renacimiento que ha experimentado su cuñada, Maribel Verdú, es algo excepcional?

Creo que Maribel, como todas las actrices que hemos empezado desde niñas, ha pasado por todas las etapas. Cuando tenía menos trabajo se ha dedicado al teatro con nuestra empresa, que es suya también, y de pronto llega alguien de forma casual y te ofrece una película. Ahora está viviendo una etapa maravillosa pero lo más difícil y maravilloso que tiene Maribel es que mientras que ella empezó a trabajar con doce o trece años hasta hoy, otros han tenido su momento y adiós, pero ella continúa. Lo más difícil en una profesión es mantenerse y empezar con trece años, y con treinta y muchos estar en lo más alto… Hay pocas actrices como Maribel.

¿Cree que ella ha servido como ejemplo para que los cineastas reconsideren el talento de actrices experimentadas, en lugar de buscar la juventud?

Por su puesto, porque además Maribel es muy buena actriz, es muy dúctil. Cuida mucho sus trabajos, trabaja mucho. Es todo un ejemplo. Pero el problema de la edad no es de los cineastas, sino de la demanda. Todo se hace y se plantea para la gente joven. En teatro antes era impensable que un chico de veinte años fuera cabeza de cartel y ahora revientan las taquillas. Pero además, es que Maribel es una tía de treinta y tantos que enamora hasta los niños, te lo digo por que mi hijo siente fascinación por ella. Ella sabe que es un buen momento para ella pero no quiere quemarse. Conoce su trabajo y sabe que lo de Coppola puede ser su mayor baza o su peor trampa. Yo me siento orgullosísima de ella, porque además es parte de mi familia. No es sólo cuestión de fama o de talento, es cuestión de inteligencia, y para ser bueno en esta profesión tiene que ser inteligente, porque si no te dejas llevar muy fácilmente.

¿Se han planteado alguna vez hacer algún proyecto todo el clan familiar?

¡No, qué horror! Cómo si no nos viéramos bastante… Tú sabes que somos un clan familiar que nos vemos todo el tiempo. Hablamos a diario y nos vemos todas las semanas unos y otros… Trabajar todos juntos sería divertido pero a ser posible que durara poco: una película, unos capítulos de una serie.

¿Acuden a verse los unos a los otros?

En la tele nos vemos poco, pero mi madre… ¡Ay, mi madre! Para mis padres, como todos los padres, sus hijos son todo. Y ellos si hay una serie en la tele no se la pierden. Pero entre nosotros siempre piensas, bueno, pues si es una serie ya la compraré y si es una película ya nos darán una copia, de las que nos mandan por ser académicos para los Goya. En las obras de teatro es diferente, los vemos siempre, también porque los proyectos teatrales son nuestros, los producimos nosotros.

¿Son una familia al uso?

Yo me siento parte de una familia normal. Yo tengo una vida bastante casera: me levanto a las ocho, llevo a mi hijo al cole, vamos al cine los fines de semana, hago una vida bastante normal.

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