Entrevista | Ana Milán: "Me casaré las veces que sea necesario"

Ana Milán durante su entrevista con Enrique Marín.
Ana Milán durante su entrevista con Enrique Marín.
Bieito Álvarez
Ana Milán durante su entrevista con Rebeca Marín.
BIEITO ÁLVAREZ

Ana Milán, 3 de noviembre de 1973, Alicante. 

Llevar a la cama a Ana Milán, no es tarea fácil y acabar haciendo la cucharita con ella todavía menos: "Hace mucho tiempo que no hago la cucharita, igual me gusta más de lo que crees", me dice ella entre risas. Y así, sobre una cama del Hotel Emperador comenzamos a charlar de la vida, de secretos de alcoba, como no podía ser de otra manera, porque si a algo no le teme Ana Milán es a contar las cosas que le pasan. "Tenemos unos miedos muy extraños, a todos nos pasan cosas, algunas las contamos y al contarlas hacemos una especie de exorcismo".

Le gusta que la llamen por su nombre, pero no el completo, pocos saben que se llama Ana Belén: “Solo mi madre me llamaba así cuando se enfadaba conmigo, que era a menudo". Hoy es Ana a secas, y le agradece inmensamente que, a pesar de gritarle de vez en cuando, la haya dejado ser libre, ser lo que hoy es, una mujer independiente, fuerte y que toma decisiones y cambia de opinión cuando le da la gana: "Mi madre fue una madre maravillosa porque me dejó equivocarme sin recriminarme nada". 

Cuando tenía enfilada su carrera como periodista, lo dejó todo y decidió ser actriz y desde entonces su carrera ha sido fulgurante, como ella, un torbellino. Una lección magistral que ella aprendió y ha replicado con su hijo Marco, eso sí, asegura: "Yo como madre no le he llegado a la mía ni a la suela de los zapatos, es dificilísimo ser madre, me hubiera gustado ser una madre mejor".

Mi madre fue una madre maravillosa porque me dejó equivocarme sin recriminarme nada

Cada frase que pronuncia es un vendaval, porque lo hace segura, diciendo verdades pesadas entre risas ligeras, pero sonoras. Así, me cuenta que se le olvidó el nombre de uno de sus maridos una vez, que se ha casado "dos o tres veces", y a pesar de eso no duda en decir: "Es muy probable que en algún momento me vuelva a casar, creo que hay que renovar esa idea judeocristiana del 'para toda la vida' como si ahí no cupiesen un montón de decepciones, me casaré tantas veces como considere necesario". Y es que ella cree profundamente en el amor, en el que te profesa la otra persona, pero, sobre todo, en el que se profesa una misma: "He aprendido a mimarme yo, antes esperaba que lo hicieran los demás y hoy si me miman estupendo, pero si no, ya lo hago yo primero".

Acaba de estrenar Camera Café, la película un revival donde se ha reencontrado con muchos amigos, aunque a algunos no les había perdido la pista. "Ha sido muy, muy divertido, es que hacer malas es muy divertido", asegura. Camera café fue uno de los trampolines profesionales que la dieron a conocer al gran público, junto con la serie Yo soy Bea y, hoy, casi 15 años después, no hay nadie que no la conozca. 

Está con dos películas, terminando una novela, publicidad y todavía saboreando el triunfo de su propia serie By Ana Milán, que se forjó durante la pandemia. Empezó haciendo vídeos durante el encierro, contando sus cosas. "Si estás rodeado de gente que cuando cuentas tus cosas te traiciona, no tienes que cambiar tú, tienes que cambiar de amigos", dice con firmeza. 

Sin pelos en la lengua, sin tapujos ni medias tintas, Ana Milán se abre, cuenta lo que es, y no teme a las contradicciones, ni a las relaciones fallidas: "Yo quise mucho a Fernando Guillén Cuervo, fue un marido increíble".

Estamos cómodas en la intimidad que proporciona una cama, como se está después de una jornada infinita de entrevistas, promoción… y sí, acabamos haciendo la cucharita: "Lo mismo te acostumbras a que te haga cucharita y acabamos con tu novio en una trieja, yo cada vez estoy más convencida de que eso debe funcionar", me dice con media sonrisa. Y así, de nuevo, entre las sábanas y abrazadas, continuamos riéndonos de la vida porque, como asegura Ana, "tampoco somos tan importantes".

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