Los líderes europeos se reúnen con la oportunidad de aumentar la presión sobre Hungría por su ley anti LGTBI

  • Las relaciones con Rusia y Turquía, además de la evolución de la pandemia, centran el debate de la cumbre.
  • ​Alemania lidera las críticas al Gobierno húngaro y la Comisión ya ha abierto la vía judicial.
<p>El primer ministro de Hungría, Viktor Orbán,  durante el pleno en el Parlamento Europeo en Estrasburgo.</p>
El primer ministro de Hungría, Viktor Orbán,  durante el pleno en el Parlamento Europeo en Estrasburgo.
EFE/ Patrick Seeger

El Gobierno húngaro se ha convertido en un problema para la Unión Europea, y aunque hay una mayoría en contra de las políticas de Viktor Orbán, la aprobación de una ley anti LGTBI que prohíbe, entre otras cosas, hablar de homosexualidad en los colegios abre otro cisma en la UE y deja a los líderes de los 27 ante la oportunidad de cercar a Budapest, que suma una nueva polémica a su lista. El Consejo Europeo celebra este jueves y viernes una nueva cumbre y aunque la agenda iba por otro camino, Hungría será tema de conversación.

La presidenta de la Comisión Europea, Ursula von der Leyen, ya ha marcado territorio. "La ley húngara es una vergüenza. He dado instrucciones a mis comisarios responsables para que escriban una carta a las autoridades húngaras expresando nuestras dudas legales antes de que la norma entre en vigor", comentó este miércoles. La vía judicial está abierta, pero no está claro que vaya a ser efectiva. El procedimiento para aplicar el artículo 7 de los Tratados -que suspendería de voto a Hungría en el Consejo- sigue estancado, y es una salida imposible porque exige una unanimidad que hoy por hoy no se da, sobre todo por el apoyo de Polonia a Orbán.

¿Que alternativa hay entonces? Una muy clara: dejar a Hungría sin fondos europeos. Hay una vía para que un Estado miembro no reciba ayudas regionales, sin algunas de las cuales ya se quedó Polonia hace poco precisamente como sanción por declarar "zonas libres de LGTBI" diferentes puntos del país. Ese procedimiento de congelación de fondos es más ágil, pues solo exige mayoría cualificada, es decir, que se cumplan dos condiciones: que el 55% de los Estados miembros voten a favor, lo que en la práctica significa 15 de los 27 Estados miembros y que los Estados miembros favorables a la propuesta representen al menos el 65% de la población total de la UE.

Por su parte, la Comisión Europea en un primer momento fue criticada por su tibieza en las primeras valoraciones de la norma ya que evitó pronunciarse sobre el fondo hasta que concluyera la tramitación parlamentaria y después se limitó a "tomar nota" de su adopción y anunciar que analizaría el detalle antes de decidir los pasos a seguir.

Las alertas desde los colectivos de LGTBI y los mensajes de preocupación de varios Estados miembros hicieron a la Comisión pronunciarse de manera más precisa, primero con un mensaje en redes sociales del comisario de Justicia, Didier Reynders, lamentando hace una semana la ley y ya esta semana, con la vicepresidenta Vera Jourova anunciando medidas legales.

Y en el centro del asunto, los fondos de recuperación. Están ligados a un mecanismo que exige el cumplimiento del estado de derecho, pero los gobiernos húngaro y polaco ganaron tiempo en su momento para levantar el bloqueo a las ayudas. ¿Por qué? No se puede 'cortar el grifo' de las ayudas hasta que el TJUE no resuelva un posible recurso, si así lo deciden, de Budapest o Varsovia sobre la legalidad del mecanismo. Eso tarda, como poco, dos años. Les da mucho margen a Viktor Orbán y a Mateusz Morawiecki para, como hasta ahora, seguir poniendo en jaque la red de Derechos Humanos en ambos países.

En paralelo al tenso debate sobre los riesgos de la deriva antidemocrática en Hungría, un grupo de 16 países firmaron una declaración promovida por los países del Benelux (Bélgica, Luxemburgo y Países Bajos) censurando la "discriminación" y "estigmatización" que sufren las personas LGTBIQ en Hungría y exigiendo a la Comisión Europea que tomara medidas. España, Alemania, Francia e Irlanda están entre los signatarios a los que se sumó Italia en el último momento pero no Portugal, con el argumento de que la presidencia de turno de la UE deben permanecer neutral.

Más temas sobre la mesa

En la cumbre, el Consejo Europeo también hará balance de la situación epidemiológica y en materia de vacunas y proseguirá la labor de coordinación en respuesta a la pandemia de Covid-19. En este contexto, los dirigentes abordarán cualquier obstáculo que siga existiendo en relación con el derecho a la libre circulación en toda la UE. Además, los dirigentes de la UE examinarán la situación de la ejecución de los fondos de recuperación.

Las relaciones con Rusia y Turquía serán otro de los puntos calientes de las conversaciones. En el caso de Moscú las relaciones están "en su punto más bajo" y la UE aprobó hace días una nueva estrategia. "En las circunstancias actuales, una asociación renovada entre la Unión Europea y Rusia, que permita una cooperación más estrecha, parece una perspectiva lejana", explicó el Alto Representante. La clave pasa por "frenar" las ínfulas de Putin y al mismo tiempo dialogar con Rusia en los asuntos en los que sea necesario. En todo caso, en los Estados miembros hay posiciones dispares respecto al Kremlin.

Con Turquía pasa algo parecido. Tras el desplante del 'Sofagate', la UE quiere retomar el diálogo con Ankara con vistas entre otras cosas a renovar el acuerdo migratorio de 2016. La migración se ha vuelto un asunto de primer orden, sobre todo desde la crisis de España con Marruecos, y la Unión no quiere más conflictos de ese tipo. La externalización de fronteras provoca que los contactos con terceros países tengan que se constantes.

Tanta Europa
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