Shell acordó el lunes pagar 15,5 millones de dólares (unos 11 millones de euros) para poner fin a varias demandas ante tribunales de Estados Unidos que acusaban a la compañía de abusos de los derechos humanos.

Entre las acusaciones destaca algunas en conexión con el ahorcamiento en 1995 del destacado activista Ken Saro- Wiwa y ocho otros manifestantes por el entonces gobierno militar.

La firma anglo-holandesa, que se vio obligada a abandonar sus campos petroleros en Ogoniland en el delta del Níger en Nigeria, en 1993, debido a las protestas, dijo que no participó en la violencia y que daba el dinero como un 'gesto humanitario'.

'Aún estamos agraviados por Shell. Pagar una compensación por la sangre de estas personas inocentes no traerá de nuevo a Shell a ningún lugar de Ogoniland para la explotación de petróleo', dijo Veronica Kobani, cuyo marido falleció en los disturbios.

Shell, el mayor productor de petróleo extranjero en Nigeria hasta hace poco, acordó pagar cinco millones de dólares a un consorcio en beneficio del pueblo ogoni. El resto del dinero irá destinado a pagar las minutas de los abogados y la compensación a las familias.

Algunos ogonis dicen que el acuerdo implica que los agravios de la comunidad no han sido totalmente aireados en público.

'En concreto no estoy contento con el acuerdo extrajudicial', dijo el activista ogoni Celestine Akpobari.

'Creo que el caso hubiera sido escuchado en un juicio público habría ayudado a resolver muchos asuntos en el delta del Níger porque lo que sucedió a los ogoni aún continúa siendo un caso de estudio para el mundo de hoy', declaró Akpobari.

Las querellas en EEUU buscan una compensación no especificada por parte de Shell por respaldar el encarcelamiento, torturas y asesinato de los manifestantes además de contaminar el agua y el aire de Ogoniland, una pequeña parte del delta de Níger a cuya población representaba Saro-Wiwa.

Los nueve manifestantes, que hacían campaña pacífica por una cuota más justa de la riqueza petrolífera de Nigeria para los pobres y contra los daños medioambientales causados por la industria, fueron condenados de asesinato en un juicio que los grupos de derechos humanos calificaron de falso.

Shell, que negó las acusaciones, ha buscado incrementar su contribución al desarrollo del delta de Níger en los años posteriores a la muerte de Saro-Wiwa, financiando pequeños negocios, agricultura, educación y proyectos sanitarios en la región.