Todos somos Sergio Algora

Adivina qué puede pasarte en 'No tengo el placer'
No tengo el placer
No tengo el placer
Krtipop

Se edita el segundo libro de relatos, póstumo, del músico y escritor zaragozano.

En el relato que cierra este libro, Sergio Algora telefonea al crítico literario Ángel Gracia para agradecerle su reseña sobre No tengo el placer. En plena conversación, Algora descubre que Gracia se llama —en realidad— Sergio Algora. Confundido, Algora sale a la calle, donde «varias decenas de Sergios Algora se dirigen alegres a sus citas» y Sergios Algora recorren el barrio en distintos medios de locomoción y «parejas de Sergios Algora» se besan en el parque. Así, Algora habita una ciudad sin «niñas, ni perros, ni ancianas»: «Aquí todos somos Sergio Algora», le aclara —cómo no— Sergio Algora. El cuento rebosa simbolismo: es el último texto del libro póstumo del creador zaragozano.

Ganas de contar

Murió en Zaragoza el 9 de julio de 2008; le falló ese «traje nuevo para mi corazón» que aseguraba tener listo en Pon tu mente al sol. Algora nos ha dejado muchos estribillos inolvidables (con El Niño Gusano, Muy Poca Gente, La Costa Brava), pero también una obra literaria tan atractiva como desconocida. El surrealismo de su música contaminaba sus poemas —en editoriales modestas: Olifante, Devenir—, su narrativa —en el exquisito catálogo de Xordica, junto a otros autores imprescindibles como Daniel Gascón o Fernando Sanmartín—, incluso su teatro. Y escribía libros con ese punto melancólico, arrasado y feliz al mismo tiempo que inundaba sus canciones.

No tengo el placer tiene más ganas de contar que su anterior volumen de relatos, A los hombres de buena voluntad, reeditado también en estos días; crece en la acción más allá de la anécdota, en madurez —aún más, si cabe—, al dibujar sus personajes. Encontramos lo mejor de No tengo el placer, además de en unas descripciones que brillan más que el sol, en unos caracteres sin desperdicio: José es fan del tecno-pop de los ochenta y guarda un secreto mayor que el de su confidente; Luz descubre su inmunidad frente a la telepatía en una conferencia literaria; Fran y Celia protagonizan su propia medio novela negra, medio cuento para dormir; y el Mesías busca la paz en festivales de música pop y pisando el acelerador junto a MGMT. Completan la galería Cristiano Ronaldo, antes de serlo, y un zombi en primera persona, y el alcalde de Alicante, e Ismael Serrano, que viaja a Marte en monoplaza, y Julio Iglesias, que vuelve a enamorarse.

En uno de los mejores relatos, La biógrafa, una chica sabe más que Vicente Alma, el músico cuya vida narra. Después de todo, No tengo el placer es un libro sobre lo que va a pasarnos. «Si no hay nada que contar, habrá que narrar la nada», escribe el crítico Gracia/Algora sobre su propio libro. «Las páginas en blanco ofrecen algo: esperanza. En la revelación o en la destrucción». Así, estos cuentos de Sergio Algora se disfrazan de cartas del tarot, intuyen por teléfono, conocen tu futuro.

No tengo el placer. Xordica / 143 páginas / 13 euros

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