Charles Dickens
"Era el mejor y el más detestable de los tiempos...". Así comenzó Dickens (en la imagen) 'Historia de dos ciudades'.

Que me perdonen Cervantes y seguidores esta probable osadía de no comenzar ni incluir el que seguro es el inicio más famoso de la historia de la literatura para dar cabida a algunos de los que han demostrado ser, fama al margen, los mejores principios de novela. La prueba de que empezar bien es un auténtico arte.

Los escritores saben de la importancia de sus primeras palabras

Uno de los más impactantes y seguramente uno de los más conocidos en el mundo entero es el que Ernesto Sábato escribía para El Túnel: "Bastará decir que soy Juan Pablo Castel, el pintor que mató a María Iribarne". ¿Puede alguien no seguir leyendo tras este inicio?, y aún más: ¿puede alguien olvidar esta oración?

Los escritores, hasta los peores, saben de la importancia de sus primeras palabras; de ellas depende que sigan leyendo. Es ahí donde un autor se está jugando lo más importante: que el lector pase de página. El inicio ha de ser tan seductor como intrigante, y algunos escritores han llegado a dedicar meses enteros a un solo párrafo.

  • "El día en que lo iban a matar, Santiago Nasar se levantó a las 5.30 de la mañana para esperar el buque en que llegaba el obispo". Gabriel García Márquez es uno de los escritores que mejores principios acumula en su haber. Más conocido aún que éste, de Crónica de una muerte anunciada, es el inolvidable punto de partida de Cien años de soledad: "Muchos años después, frente al pelotón de fusilamiento, el coronel Aureliano Buendía había de recordar aquella tarde remota en que su padre lo llevó a conocer el hielo".

    Sin necesidad de recurrir a muertes, asesinatos o recursos de novela negra también corona el escritor colombiano el éxito en El amor en los tiempos del cólera: "Era inevitable: el olor de las almendras amargas le recordaba siempre el destino de los amores contrariados".

  • "Y al siguiente día no murió nadie". ¿Se puede empezar mejor una novela que con una oración que bien podría ser el cierre de la historia? A José Saramago y su novela Las intermitencias de la muerte debemos este principio en el que se conjuga intriga, seducción, misterio y rotundidad. Todos los aciertos en una oración simple de sólo siete palabras.

  • No necesitó recurrir al asesinato o la sangre Juan Rulfo para escribir uno de los grandes principios de la historia de la novela, el de Pedro Páramo: "Vine a Comala porque me dijeron que acá vivía mi padre, un tal Pedro Páramo. Mi madre me lo dijo. Y yo le prometí que vendría a verlo en cuanto ella muriera".

  • Uno de los comienzos más inquietantes, que además logra mantener ese nivel de angustia toda la novela, es el de la gran obra de Kafka, La Metamorfosis, y una de las más brillantes metáforas de toda la literatura: "Al despertar Gregorio Samsa una mañana, tras un sueño intranquilo, encontróse en su cama convertido en un monstruoso insecto".

  • Recurriendo al que será el tema de toda la obra, Nabokov iniciaba la cumbre del erotismo desde el mismo inicio en su Lolita: "Lolita, luz de mi vida, fuego de mis entrañas. Pecado mío, alma mía. Lo-li-ta: la punta de la lengua emprende un viaje de tres pasos paladar abajo hasta apoyarse, en el tercero, en el borde de los dientes. Lo. Li. Ta.".

  • A Charles Dickens debemos la tensión de un principio, el de Historia de dos ciudades, que usando la descripción de una época nos engancha como si de un crimen nos hablara. ¿Será el aire poético de su prosa?: "Era el mejor y el más detestable de los tiempos; la época del saber y de la tontería; de la fe y la incredulidad; de la luz y las tinieblas; la primavera de la esperanza y el invierno de la desesperación. Íbamos directamente al cielo y rodábamos hacia el infierno".

  • Una breve frase le bastó a Clarín, en La Regenta, para demostrar que empezar es un auténtico arte: "La heroica ciudad dormía la siesta".

Próxima entrega: Los mejores finales.