Galicia produce 2,8 millones de toneladas de residuos industriales al año y más de 500.000 van a vertedero

Galicia produce 2,8 millones de toneladas de residuos industriales al año, un 7% de ellos son peligrosos y el 18% del total (más de 500.000 toneladas) no se valorizan, esto es, se eliminan mediante su almacenamiento en vertederos legales, según los últimos datos consolidados de que dispone la Xunta, correspondientes al año 2018.
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EUROPA PRESS - Archivo

El porcentaje de residuos no peligrosos alcanza el 93% (2.600.713 toneladas), frente a los peligrosos, que son el 7% (201.787 toneladas), según recoge el informe de seguimiento del plan de gestión de residuos industriales de Galicia 2016-2022, al que ha tenido acceso Europa Press.

En el periodo analizado (2014-2018), este tipo de residuos sigue una tendencia descendente, "clara y constante", según destaca este informe. Así, en 2016 se alcanzó el nivel máximo de producción (con 3.061.306 Tn) y los datos de 2018 (2.802.501 Tn) "revelan una reducción del 8,5% en la generación de residuos industriales coincidiendo con los dos primeros años de vigencia del plan".

Del total de residuos gestionados en Galicia (2.875.868 toneladas, contando tanto los que se producen en la comunidad como los que proceden de otras zonas pero se tratan en territorio gallego), el documento reivindica que "se logró alcanzar en 2018 un porcentaje de gestión de valorización de residuos industriales del 82% (2.367.272 Tn) frente al 18% (508.596 Tn) de la gestión por eliminación".

Esto quiere decir que el 82% de los residuos industriales que generó ese año Galicia se valorizaron, lo cual quiere decir que se incineraron y produjeron energía o se reciclaron, reutilizaron, etcétera. El 18% restante fueron a vertedero.

El informe de la Consellería de Medio Ambiente enmarca este "logro" en los programas específicos de gestión que inciden en la preparación para la reutilización, el reciclaje y la valorización material, y lo califica de "dato muy positivo desde el punto de vista de la economía circular".

Así, el 78% (1.803.071 toneladas) de los residuos no peligrosos se valorizaron, frente al 15% (354.738 toneladas) que fueron a vertedero. En el caso de los residuos peligrosos, el 52% (50.780 toneladas) fueron destinados a la valorización frente al 45% (43.695 toneladas), que acabaron en vertederos en 2018.

Territorialmente, las provincias de A Coruña y Pontevedra "siguen concentrando la producción del 89% de los residuos industriales", según recoge el informe.

750 PLANTAS

También llama la atención sobre la consecución de "una amplia red de gestores de residuos", sobre todo a nivel de valorización "intermedia y final", con cobertura "suficiente para la práctica totalidad de los residuos producidos".

En 2018 se contabilizaron en torno a 750 plantas autorizadas para el tratamiento y almacenamiento de residuos industriales con una capacidad máxima de tratamiento superior a los 12,5 millones de toneladas al año.

POR TIPOS

Los residuos de construcción y demolición son la tipología de residuos mayoritaria en cuanto a volumen de producción, seguido de los derivados de procesos térmicos.

Los de construcción destinados a la preparación para la reutilización, reciclaje y otras operaciones de valorización representan más del 80%, frente al 0,5% destinado al vertedero.

En el caso de los aceites usados, el documento da cuenta de un avance "positivo para acercarse en 2022 al objetivo fijado del 100% de recogida del aceite generado".

En 2018 hubo una "mayor rastreabilidad", según el informe, de los residuos sanitarios, al aumentar la información que la administración dispone de los pequeños productores involucrados en el empleo de herramientas informáticas para la gestión de los residuos que generan.

De acuerdo con el estudio, "en los últimos años", el 21% de los neumáticos fuera de uso fueron sometidos a una operación de preparación para la reutilización, mientras que la valorización energética "quedó por debajo del 10%".

La "correcta gestión" de todos los vehículos fuera de uso "aumentó considerablemente garantizando así que son sometidos al proceso de descontaminación previo, a la retirada de piezas para su preparación para la reutilización y reciclado y a las demás operaciones de tratamiento de fragmentación y postfragmentación".

En relación a los compuestos orgánicos policlorados -en concreto los PCB (policlorobifenilos) y PCT (policloroterfenilos), sustancias altamente contaminantes-, el informe cita como "principal logro" la eliminación o descontaminación de "todos los aparatos con PCB (como pueden ser, por ejemplo, los transformadores de corriente eléctrica)".

En el programa de pilas y acumuladores, "en 2018 se consiguió superar el 80% de reciclaje de pilas, acumuladores y baterías industriales que contienen níquel-cadmio, cumpliendo con creces los índices del 75% establecido como objetivo cuantitativo para finales de 2020".

En referencia a los residuos de aparatos eléctricos y electrónicos, el documento alude a la creación de la red gallega de espacios para la preparación, reparación y reciclaje, alineada con "la prevención" en la generación de estos.

"Prácticamente la totalidad" de los lodos de depuración de aguas residuales son destinados a valorización y "algo parecido ocurre" con la gestión de purines, estiércoles y residuos vegetales, en los que la valorización material es el tratamiento "mayoritario" frente a la energética.

También casi el 100% de los residuos metálicos, según el documento, se comercializaron como productos, y la operación de remediación ambiental fue la alternativa más empleada para los residuos de la industria minera.

En el apartado de buques y embarcaciones al final de su vida útil, la valorización material permaneció durante el periodo analizado en el 100%.

Entre los residuos sin legislación específica, observa un aumento de su valorización en términos absolutos, aunque porcentualmente supone en torno al 48%, frente a los eliminados (en vertedero).

Por último, en la gestión de suelos contaminados, "se avanzó considerablemente", según el estudio, "por ejemplo" con el control y seguimiento "exhaustivo" de las actividades "potencialmente contaminantes" y de los suelos "potencialmente contaminados" a través de un programa específico de inspección y mediante el refuerzo de actuaciones para avanzar en la aprobación de planes de recuperación.

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