Así ha reescrito y ocultado China el origen real del coronavirus

Hospital en China con afectados por coronavirus.
Hospital en China con afectados por coronavirus.
BEIJING NEWS

A comienzos de 2020 las noticias sobre un virus que se estaba extendiendo por China y dejando cada vez noticias más preocupantes fueron haciéndose hueco en nuestros informativos y medios digitales. La situación llegaba a un punto que empezó a llamar la atención de la comunidad científica internacional. ¿Qué estaba pasando realmente en China?

Las advertencias sobre si la epidemia china podría suponer una amenaza global fueron en aumento con el paso de las semanas. Y los peores pronósticos se cumplieron cuando el virus se extendió al resto del planeta provocando una pandemia como no se recordaba en un siglo.

Desde entonces ha pasado un año y hemos ido descubriendo qué es este virus, cómo se le combate o cómo se le puede intentar frenar. Solo una respuesta aún no ha sido clarificada al 100%: su origen y su propagación en aquellos primeros días de contagios en China.

Los periodistas de la BBC Kerry Allen y Zhaoyin Feng se han encargado de investigar a fondo cómo la censura China trabajó durísimo para reescribir la historia de lo que estaba ocurriendo, silenciando todo aquello que salía a la luz a través de científicos y ciudadanos del país que se las ingeniaban para enseñar al mundo una situación mucho más dramática de la que pintaban las autoridades chinas.

Las primeras semanas del 2020 sirvieron para comprobar un hecho sin precedentes. Miles y miles de ciudadanos chinos comenzaron a preguntarse en las redes sociales si el Gobierno estaba intentando encubrir un nuevo virus similar al SARS.

El volumen de mensajes fue tal que los censores oficiales del gobierno chino no pudieron llegar a ocultar todos. Fue entonces cuando esto empezó a reflejarse también en medios no afines al poder.

Era un hecho que algo grave estaba ocurriendo y se buscaban respuestas y responsables. Fue entonces cuando el presidente chino, Xi Jinping, desapareció repentinamente de los medios oficiales a mediados de enero. Ni una aparición pública ni una imagen en publicaciones gubernamentales como el Diario del Pueblo, algo que se vio con posterioridad como un intento por evitar ser señalado como culpable.

Xi Jinping volvió a hacerse visible bien entrado febrero y el discurso gubernamental cambió. Se pedía, bajo fuertes consecuencias si no lo hacían, a las autoridades locales que no silenciasen nada sobre los efectos del virus en sus regiones. A la vez, se llamaba a la recuperación nacional.

Fue en febrero cuando se produjo la muerte del doctor Li Wenliang, quien se había convertido en la primera referencia a nivel internacional en advertir sobre la gravedad de este nuevo coronavirus. Su muerte estuvo llena de sombras, más aún cuando la censura china intentó borrar todo rastro de condolencias que los ciudadanos del país dejaban en recuerdo del doctor en redes como Weibo.

Fue entonces cuando periodistas del país como Chen Qiushi, Fang Bin y Zhang Zhan empezaron a ganar notoriedad en todo el mundo con su denuncia sobre el foco de la pandemia: Wuhan.

Una informaciones que les contaron muy caras. Algunos desaparecieron, otros permanecen arrestados. De los pocos que se sabe libres han pasado de colgar vídeos denunciando persecución policial a estar meses sin publicar nada y reaparecer escuetamente para decir que estaban cooperando con el Gobierno o pasando una cuarentena.

Desde entonces, China empezó a promocionar a escritores y periodistas tanto dentro como fuera del país que dedicaban sus esfuerzos a ensalzar la lucha contra la Covid-19 desde el ideario gubernamental. Al mismo tiempo, jóvenes chinos denunciaban que el acceso a internet estaba sufriendo limitaciones considerables.

El Gobierno comenzó a promover imágenes del país haciendo vida normal bajo un mensaje claro: habían derrotado al virus. De esta manera las fiestas multitudinarias en verano o esta misma semana han sido las que el oficialismo ha hecho por transmitir al mundo mientras se lanzaba a diario un mensaje de control absoluto de la pandemia sin apenas casos locales a diario.

Durante los últimos meses, el oficialismo chino ha aprovechado, además, para dar altavoz en el país a la situación de Estados Unidos cada vez que esta nación rompía su récord de contagios diarios. Incluso se ha llegado a asegurar, hace unas semanas, que China no era el origen del coronavirus y que el primer foco estaría en alimentos congelados llegados de ultramar.

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