Sergio Remedios
Sergio Remedios en su hábitat, la biblioteca de Historia de la Universidad Complutense. (N.S) N. S.

Sergio Remedios ha corrido más que su generación. A sus 28 años lleva cuatro independizado, siete meses casado y 14 libros publicados. Es licenciado en Historia y pasa buena parte de su tiempo dando forma a una tesis doctoral con la que quiere desmontar algunos tópicos sobre la economía fenicia.

Otros tópicos y otra economía, la contemporánea, aseguran que para aspirar al trabajo deseado basta con tener vocación y labrarse un currículum brillante. "No será en España. No será en Humanidades".

"La vocación", dice Sergio, "lo puede todo; aunque todo tiene un límite". El límite, en su caso, es la incertidumbre de un trabajo mal remunerado, escasamente cualificado y que, cuando llega, le absorbe tanto que debe olvidarse de la investigación durante meses.

Sin un trabajo bien pagado y estable, su propósito de dedicarse a la investigación académica  podría esfumarse

Sergio pertenece a ese conjunto de jóvenes desencantados y hastiados por "la bolonización de la Universidad, la falta de apoyo institucional y el desastre económico". Atrapados en una duda circular: sin beca no hay dinero y, sin dinero, adiós al sueño de ser Doctor; con un trabajo, por precario que sea, hay dinero pero no tiempo y, sin tiempo, adiós al sueño de ser Doctor.

Sergio ha sido portero de finca, comercial de banca, administrativo… Y, durante todo ese tiempo, el único oficio que no ha abandonado es el de historiador. "Buscarse las castañas era fácil antes". Ahora, no. “Por si fuera poco”, añade, "el hecho de tener una titulación superior a la del futuro jefe hace que éste se sienta amenazado".

A la vuelta de la esquina tiene una entrevista para un puesto de grabador de datos. Si lo consigue, el dinero de la primera nomina servirá, junto con el de su mujer, para pagar el alquiler y los gastos del piso. Con lo que le sobre de ese dinero hará su primer viaje a Oxford para participar en un ciclo de conferencias. A la manera estoica: Primum vivere deinde philosophare.

CINCO PREGUNTAS SOBRE LA CRISIS

  • ¿La crisis le quita el sueño?

 La crísis no. Me quita el sueño el pensar como salir de ella.

  • ¿A qué le huele la crisis?

A demasiadas cosas y pocas buenas. Pero esta crisis es coyuntural, o al menos eso espero.

  • ¿Echa mano de marcas blancas?

Siempre lo he hecho. Lo de ahorrar gastos hay que hacerlo siempre no sólo cuando la situación ahoga.

  • ¿Recogería del suelo una moneda de 5 céntimos?

Pues como todo el mundo imagino, pero también lo hacía antes de la crisis y lo seguiré haciendo después.

  • ¿Prescindiría de la calefacción o del teléfono?

 Por motivos de salud no podría prescindir de la calefacción y el teléfono, he estado sin él y podría volver a estarlo, pero sin él no hay internet. Y esa es la manera más rápida de encontrar trabajos.