El limbo de las armas

  • La Guardia Civil custodia más de 1.500 armas intervenidas.
  • Hay escopetas, catanas y pistolas, usadas, algunas, para delinquir.
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Alguna de las armas custodiadas por la Guardia Civil.
Alguna de las armas custodiadas por la Guardia Civil.
PABLO ELÍAS

La catana que se usó en el crimen del barrio de Girón o el último kalashnikov requisado en el Barrio España, tarde o temprano, todas las armas terminan en el mismo lugar, la Intervención de Armas de la Guardia Civil.

Incluso las que retira la Policía Nacional en sus intervenciones, 257 durante el año pasado, terminan allí una vez finalizada la investigación. «En su mayoría se trata de bates de béisbol y navajas intervenidas por los agentes en sus actuaciones», aseguraron a 20 minutos fuentes policiales.

Unas y otras acaban en el mismo lugar, la comandancia de la carretera de Soria, donde esperan su destino, los más probables, la subasta o la chatarrería. En estos momentos se almacenan allí más de 1.500 armas de todos los estilos: de caza, de competición, largas, cortas, blancas, inocentes y culpables.

La mayoría de ellas son armas blancas (730), desde pequeñas navajas intervenidas a un conductor, hasta catanas de gran consideración exhibidas en plena calle, pasando por machetes intervenidos a algún «chorizo» que no lo utilizaba precisamente para cortar el embutido.

Entre el anecdotario ha llegado a figurar hasta el maletín de trabajo requisado a un matarife que circulaba con él en el maletero. Entre las armas de fuego también hay de todo. Allí descansan 458 escopetas de caza y otras 400 armas cortas (pistolas y revólveres). Algunas fueron intervenidas y otras dadas de baja por sus dueños o por los familiares ante el desuso.

Las armas duermen allí mientras sean parte de un proceso judicial abierto. Eso sí, en el momento que hay una sentencia, el juez puede ordenar su destrucción, o puede incluso dictar que se le devuelva a su propietario.

Lo más habitual es que terminen en una de las subastas que se organizan cada ciertos meses y, si nadie las compra, se enviarán a Madrid, donde se ubica una de las empresas autorizadas para transformarlas en chatarra. Mientras tanto, aguardan en cajas, en el particular limbo de las armas.

La tenencia ilícita conlleva cárcel

Según el artículo 564 del Código Penal, la tenencia de armas prohibidas o modificadas respecto a su fabricación original será castigada con la pena de prisión de uno a tres años. Y si las armas son reglamentarias, pero el propietario carece de licencia, la pena será de entre uno y dos años (si se trata de armas cortas) y de 6 meses a un año (largas). También hay cárcel si carecen del número de fábrica o son importadas ilegalmente.

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